La salida de Reino Unido de la UE será una gran pérdida para la ciencia europea

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Edvard Moser, Premio Nobel de Medicina 2014

“La salida de Reino Unido de la UE será una gran pérdida para la ciencia europea”

Dónde estamos y adónde vamos siempre han sido cuestiones que los humanos han tratado de responder. El psicólogo y neurocientífico Edvard Moser (Noruega, 1962), uno de los premios Nobel que han acudido esta semana al Festival Starmus, ha logrado en parte contestar a esta pregunta al descubrir un mapa interno de células o GPS cerebral que permite situarnos en el espacio local. Convertido en un experto en localización, Moser opina que el lugar de Reino Unido es dentro de la Unión Europea.

El neurocientífico noruego Edvard Moser, Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2014.
El neurocientífico noruego Edvard Moser, Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2014.

De entre todos los premios Nobel que asisten esta semana al Festival Starmus en Tenerife, pocos destacan por su juventud. Edvard Moser, a sus 54 años, se pasea con un atuendo informal entre una multitud que normalmente no le reconoce. Aunque parece un poco desorientado cuando se dirige hacia el lugar previsto para la entrevista, este científico, que ganó el Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 2014 junto con su mujer May-Britt Moser y el neurocientífico británico-estadounidense John O’Keefe, sabe muy bien dónde está, al menos según le indica su cerebro.

En 2005, la familia Moser descubrió unas células cerca del hipocampo –un área situada en el centro del cerebro– que determinan la posición de uno mismo. Partiendo de las llamadas células de lugar descubiertas en 1971 por O’Keefe, la pareja demostró que estas se activan y constituyen un sistema coordinado de posicionamiento, que permiten saber hacia dónde nos dirigimos. Edvard Moser, fascinado por las presentaciones de los cosmólogos y astrofísicos de Starmus, ha sido uno de los 11 premios Nobel invitados a la tercera edición del festival celebrada en honor a Stephen Hawking. “Si tuviera otra vida, me gustaría ser cosmólogo”, ha confesado a Sinc.

“Pensé en la posibilidad de que un día podría ganar un Premio Nobel, pero cuando tuviera 70 u 80 años. Pero en realidad, el Nobel llegó mucho antes de lo que creía”

La mayoría de ponentes de Starmus hablan del espacio desde un punto de vista astrofísico, pero usted lo aborda desde la medicina y la psicología. ¿Qué relación hay entre estos dos espacios?

Bueno, al fin y al cabo ambos tratan sobre ciencias naturales y sobre cómo funciona el mundo desde lo más grande, que es el universo, hasta lo más pequeño, que sería más el tema de mi investigación sobre cómo el cerebro produce el comportamiento. Pero usamos los mismos métodos y hacemos experimentos para llegar a conclusiones.

¿Llegó a pensar que algún día ganaría un Premio Nobel por sus investigaciones sobre el cerebro? 

De pequeño no sabía ni lo que era un científico, pero siempre me ha fascinado la ciencia. Cuando tuve la oportunidad de trabajar sobre el cerebro, seguí el curso natural de mis estudios y me doctoré. Cuando empecé a interesarme por el espacio y descubrí las células de red, entonces supe que era algo extremadamente importante. Es cuando pensé en la posibilidad de que un día podría ganar un Premio Nobel, pero cuando tuviera 70 u 80 años. Pero en realidad, el Nobel llegó mucho antes de lo que creía.

¿Por qué se interesó en el estudio del cerebro?

Empecé a estudiar psicología, pero quería entender cómo funcionaba la mente. En ese sentido, hasta ese momento en los años 90, se habían realizado muy pocos trabajos sobre cómo el cerebro está relacionado con el comportamiento. Entonces estudié medicina y fisiología. Superé esa brecha entre estas dos disciplinas y las combiné para investigar a fondo el cerebro.

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Edvard y May-Britt recogen el Premio Nobel de Medicina o Fisiología. / Efe

 

¿Cómo unas células en lo más profundo del cerebro nos ayudan a ubicarnos?

La mayoría del trabajo que hemos estado realizando es sobre cómo concebimos el espacio local, el que permite situarnos y encontrarnos en esta habitación, por ejemplo. Lo conseguimos gracias a las células de lugar, que fueron descubiertas en los años 70 por John O’Keefe, con quien hemos compartido el Nobel. Son células fáciles de medir, que tienen señales en ciertos lugares de nuestro entorno. Pero nadie sabía cómo estas encajaban en el sistema, de dónde obtenían su forma para actuar y cómo trabajaban juntas con otras partes del cerebro. Decidimos que podíamos resolver estas cuestiones, así que nos pusimos a estudiar las áreas circundantes del cerebro. Descubrimos otros tipos de células, incluidas las de red, que forman la métrica del espacio para localizar nuestra posición.

¿Cómo pueden aplicarse sus investigaciones médicas en la psicología?

Sirven de puerta de entrada a la psicología y la cognición de manera más general, porque lo que el cerebro hace para una función puede ser reutilizado para realizar otras funciones. Así que si empezamos con el espacio podemos entender otras funciones inaccesibles empleadas para planificar, pensar y tomar decisiones.

“Este conocimiento nos ayudará de alguna manera a tratar enfermedades como el alzhéimer y otros desórdenes mentales como la esquizofrenia”

¿Qué implicaciones tendría en el caso de enfermedades como la de Alzheimer, que se caracterizan por la pérdida de memoria?

Muchas porque justamente, en la mayoría de los casos, la enfermedad de Alzheimer empieza con daños celulares en el área donde se encuentran las células de red –es decir la corteza entorrinal, localizada en el lóbulo temporal medio y funciona como núcleo en una red extendida para la memoria y la orientación–. Y esto va de la mano con el hecho de que uno de los primeros síntomas de estas enfermedades es que los pacientes no consiguen orientarse y se pierden. Así que este conocimiento nos ayudará de alguna manera a tratar estas enfermedades, pero también a comprender mejor cómo funciona la cognición a otros niveles. Esto tendrá implicaciones en otras enfermedades psiquiátricas o desórdenes psicóticos, como la esquizofrenia.

Hablando de orientación, los seres humanos siempre han buscado su lugar en el mundo y en el universo, y ahora en la propia mente. ¿Pero realmente sabemos dónde estamos y adónde vamos?

Esta cuestión la han tratado de responder los filósofos desde hace cientos de años, pero desde la Filosofía no han tenido las herramientas para poder medir la respuesta y por tanto contestarla. Solo han podido pensar en ella. Una de los aspectos que se han tratado de estudiar desde la ciencia es si el espacio es algo que se aprende por la experiencia o es innato. Ahora tenemos los medios para comprobarlo, pero la cuestión filosófica sigue estando muy cerca.

El festival se celebra justo la semana posterior a los resultados a favor del brexit en Reino Unido, que también implican un posicionamiento, en este caso fuera de la Unión Europea. Como investigador, ¿cómo cree que esta decisión afectará a Reino Unido y la ciencia europea?

Creo que esta decisión ha sido emocional e irracional, la gente no se ha dado cuenta de lo que podría perder. En el caso de Noruega, donde nací, el país decidió no adherirse a la UE por razones muy distintas: temía que las regulaciones europeas fueran demasiado limitadas en el sistema social que los noruegos defendían. En Reino Unido ha sido lo contrario, por el miedo a la inmigración. Yo estoy a favor de la unidad europea. De hecho Noruega tiene muchos acuerdos con la UE, así que a pesar de todo sigue siendo parte de Europa. Además, forma parte de sistema europeo de investigación, invierte fondos y participa en las actividades científicas. Pero es totalmente incierto que pase esto con Reino Unido. Es un gran país investigador en Europa, por lo que su salida será una gran pérdida para la ciencia del continente.

Después de Pierre y Marie Curie, que ganaron el Premio Novel de Física en 1903, usted junto a su mujer May-Britt Moser es la quinta pareja en recoger esta distinción. ¿Cómo se gesta un Nobel en familia?

En la actualidad la ciencia no la hace un solo hombre. Muchos de los que han ganado un Nobel han trabajado en equipo, incluyendo en algunos casos como en cosmología a cientos de personas. En Biología lo normal es trabajar en grupos de tres, cuatro o más personas. La razón es que todos nos complementamos y cada uno tiene un ángulo de estudio, así que el resultado final es más amplio. Pasa lo mismo en mi caso con mi mujer. Hemos trabajado en equipo. No considero que lo hayamos hecho de un modo diferente, aunque seamos una de las pocas parejas en haber ganado este premio en más de cien años.


Fuente: Agencia SINC