Los fármacos más innovadores nacen de la colaboración entre empresa y academia

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  • Marta Piñeiro Núñez (A Coruña, 1968) está al frente del programa de innovación abierta de la farmacéutica Lilly en Indianápolis (EE UU). Gracias a esta iniciativa, científicos de universidades y pequeñas firmas de todo el mundo pueden utilizar la plataforma informática y las herramientas de ensayo de la multinacional. A cambio, Lilly gana acceso a un amplio catálogo de nuevas moléculas en campos poco explorados como la inmunología y el dolor.
Marta Nuñez Piñeiro durante una visita reciente al centro de I+D de Lilly en Alcobendas (Madrid). / Olmo Calvo / Sinc
Marta Nuñez Piñeiro durante una visita reciente al centro de I+D de Lilly en Alcobendas (Madrid). / Olmo Calvo / Sinc

La coruñesa Marta Piñeiro Núñez lleva toda su vida profesional en Lilly, donde comenzó como investigadora de química médica en enfermedades cardiovasculares, psicosis y dolor a mediados de los noventa. En 2005, colgó la bata para dedicarse al estudio, mejora y diseño de procesos de I+D en la industria farmacéutica. Y desde 2012 dirige el área de Open Innovation Drug Discovery (OIDD) de la multinacional que se lanzó en 2008, una división que colabora con unas 400 instituciones de casi una treintena de países, entre ellos España, para impulsar la búsqueda de nuevos fármacos en campos inexplorados.

“Lilly desarrolló la insulina en 1920, gracias a una colaboración con la universidad de Toronto”

Ahora lo llaman innovación abierta, pero Lilly tiene una larga tradición de colaboración con la academia para el descubrimiento de nuevos fármacos…

Así es. La compañía va a cumplir 140 años en mayo y siempre ha cooperado con la academia. En 1920, desarrolló la insulina gracias a una colaboración con la universidad de Toronto. Dos investigadores en esa universidad habían identificado la insulina, pero no tenían capacidad para prepararla a gran escala y ahí entro Lilly. El resto ya es historia. Desde el principio, la cultura de nuestros científicos ha sido mirar hacia afuera.

¿En qué consiste el programa OIDD?

Se trata de una especie de sociedad o red en la que universidades, centros de investigación y pequeñas empresas establecen una afiliación. Después, los científicos de esas instituciones crean una cuenta personal y pueden interactuar a su gusto con nosotros. En Lilly les proporcionamos nuestra infraestructura y herramientas computacionales de diseño y evaluación de moléculas. Por ejemplo, en el programa de ensayo recibimos el compuesto del colaborador, lo probamos y le devolvemos los datos biológicos para que los puedan utilizar en proyectos, grants o publicaciones. En la web también tenemos el apartado publishing your work en el que están los artículos de los participantes. Cuando quieren publicar, les proporcionamos los métodos y materiales para que lo puedan hacer.

En el caso de que la molécula tuviera datos prometedores, estableceríamos una colaboración posterior para avanzar en esa investigación concreta.

“Proporcionamos a investigadores externos una infraestructura que les permita avanzar y a cambio accedemos a una innovación más amplia”

Así que el beneficio es mutuo.

Claro. Lilly proporciona a investigadores externos –que en muchas ocasiones están diseñando y sintetizando compuestos en universidades y laboratorios de biotecnología con pocos medios o dificultades– una infraestructura que les permita avanzar en sus investigaciones. A cambio, nosotros podemos acceder a una innovación más amplia.

Supongo que a Lilly le interesarán más unos ámbitos que otross…  

Exactamente. Nos interesan las áreas en las que Lilly tiene ya una presencia, que son inmunología, dolor, diabetes, oncología y neurodegeneración. Esas son nuestras áreas estratégicas en las que tenemos herramientas y expertos, y podemos juzgar los resultados.

¿En qué ámbitos cree que van a avanzar más gracias a este programa de innovación abierta?

Estos temas son confidenciales. Todavía llevamos poco tiempo con el programa. Pero hemos trabajado en 20 proyectos internos en los que los investigadores externos han aportado una serie de respuestas. Tenemos ahora en marcha uno, del que no puedo dar detalles, que está en el área del dolor, con resultados muy interesantes de uno de nuestros participantes. Está en la fase de avance al siguiente estadio. Vamos a pasar de los estudios in vitro a los estudios in vivo.

Marta Piñeiro Núñez entró en Lilly a mediados de los noventa como investigadora química en enfermedades cardiovasculares, psicosis y dolor. / Olmo Calvo / Sinc
Marta Piñeiro Núñez entró en Lilly a mediados de los noventa como investigadora química en enfermedades cardiovasculares, psicosis y dolor. / Olmo Calvo / Sinc

La diana para atacar el dolor parece que se le ha resistido hasta ahora a la investigación farmacéutica.

Sí. La colaboración que tenemos en este tema está relacionada con una diana biológica llamada NAv 1.7, un canal de iones de sodio que sabemos tiene una validación genética grande. Hay muchos datos que apuntan a que va a ser de gran utilidad en el tratamiento del dolor, pero hasta hoy ninguna farmacéutica ha conseguido ‘domar’ esta diana. Todavía no hay nada en el mercado relacionado con este target. Ahora tenemos una posibilidad de llegar a identificar una familia molecular de la cual podría salir un resultado activo contra esta diana biológica.

“Tenemos en marcha un proyecto en el área del dolor, del que no puedo dar detalles, con resultados muy prometedores de uno de nuestros participantes”

Esto es de rabiosa actualidad. Hay muchas farmacéuticas que están intentando atacar este problema, pero no tenemos, ni nosotros ni las demás compañías, un producto en el mercado que actúe por medio de este mecanismo.

Este podría ser un buen ejemplo del éxito del programa, ¿no?

Desde luego. Si el proyecto sigue adelante, podría ser el primer ejemplo en el programa de una molécula que ha entrado desde una institución externa y que ha avanzado. De todas formas, nuestro éxito no lo medimos en moléculas que pueden acabar convirtiéndose en medicamentos. De cada 10.000 compuestos con los que trabajamos, tal vez uno acabe llegando a fase comercial. El éxito para nosotros está en la expansión de la diversidad de moléculas a las que nos dan acceso estas colaboraciones. Medimos las fases intermedias, es decir, si la diversidad de moléculas que recibimos externamente añade valor a la que ya tenemos.

¿Y en diabetes que es una de sus áreas prioritarias?

Lilly tiene muchos productos para diabetes en el mercado. Ahora estamos intentando buscar un medicamento oral de molécula pequeña. En esta enfermedad hay una diana biológica que se llama GLP1 para la que hasta ahora solo hay fármacos inyectables de molécula grande. Dentro del programa OIDD hemos establecido una colaboración con diez universidades, entre ellas algunas españolas, para intentar identificar un compuesto que pueda ser útil para esta diana. En el ensayo in vitro aparecieron una decena de compuestos prometedores y vamos a probarlos todos in vivo. Seguiremos adelante con el que tenga mejores resultados.

¿Cómo se ha enriquecido su colección de compuestos con este sistema de intercambio?

Hay una base de datos internacional llamada Pubchem que tiene 32 millones de compuestos químicos. La colección de Lilly tiene un millón de compuestos y en nuestro programa de innovación abierta hemos recibido hasta ahora 40.000 nuevos. Si observáramos la diversidad molecular de estos compuestos recibidos de colaboradores externos, podríamos ver que cubren campos muy distintos de los que ya están publicados en Pubchem, lo cual es una medida grande de éxito porque estamos consiguiendo explorar partes del mapa que pueden tener mucho potencial.

Estos compuestos no existen en el mercado y representan la innovación de laboratorios académicos de todo el mundo y de pequeñas empresas de diversos ámbitos de la biotecnología.

¿Cuántos participantes tiene el programa?

Colaboramos con unas 400 instituciones, entre universidades, centros de investigación y pequeñas firmas de biotecnología, en casi 30 países. Las universidades e instituciones españolas han sido muy activas desde el principio en el programa, entre otros podría destacar al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y un gran número de universidades.

“Colaboramos con unas 400 instituciones, entre universidades, centros de investigación y firmas de biotecnología de casi 30 paises, entre ellos España”

¿Cómo valora los resultados del programa y que cree que ha aportado a su compañía?

El valor para Lilly es indiscutible. Tenemos la posibilidad desde el punto de vista de la investigación de expandirnos de forma virtual. Nos da acceso al doble del sustrato y acceso a nuevo talento. El valor para los colaboradores también es grande por el acceso que tienen a  nuestra infraestructura. Por ejemplo, un profesor de investigación que haya logrado una beca puede apoyarse en nosotros para evaluar compuestos en ensayos de oncología. De esta forma, se ahorra tener que pagar ese servicio y puede concentrarse en utilizar esos fondos para tener más investigadores en su proyecto.

Esta posibilidad puede ser de gran ayuda para investigadores en países en vías de desarrollo…

Efectivamente. Lo que hacen nuestros colaboradores es conectarse con nosotros por medio de la plataforma. Luego nos mandan sus compuestos y las propuestas biológicas y nosotros hacemos la evaluación. Esto en países en vías de desarrollo es muy importante, ya que los científicos pueden acceder a nuestra plataforma desde cualquier punto donde haya internet. La web tiene tecnología java y eso permite que funcione con cualquier tipo de ordenador o de sistema operativo.

Como decía al principio, Lilly tiene en su cultura innovación abierta. Lo que ha cambiado es que en la era de internet nos permite una comunicación con investigadores externos de una manera mucho más directa. Creo que hemos demostrado el valor que tiene este tipo de plataformas porque aportan mucho más valor que lo que cuesta establecerlas y producen cooperaciones de un valor incalculable.


Fuente: Agencia SINC