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jueves, agosto 6, 2026
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El estrés parental y el reto de criar perfecto.

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Brenda Alexia Medina Contreras

Gracias papá y mamá por ser los papás que necesitaba para convertirme en la mujer que estaba destinada a ser”. Todo su amor y deconstrucción que me brindaron hoy elijo entregarlo al mundo.

¿Alguna vez tu historia familiar te contó que ser padre o madre es darlo todo por las hijas e hijos?, ¿En algún momento has sentido culpa por priorizarte? Actualmente, equilibrar la crianza y la vida personal es una montaña rusa. A través, de estas letras vamos a ir conectando y reflexionando sobre la agotadora, criticada y romantizada que nos han contado que es la crianza. Hoy las nuevas letras nos comentan que el priorizarnos nos ayudan a ser los padres que nuestros hijos e hijos requieren, ¿Será cierto?

La definición de crianza ha evolucionado significativamente a lo largo del tiempo, dependiendo del contexto histórico, político y económico de cada sociedad. En sus inicios, la crianza estaba centrada en asegurar la supervivencia de los infantes y, en muchos casos, implicaba su participación en el trabajo desde edades tempranas.

En los años 1924 y 1989 cuando la Sociedad de Naciones adoptó la Declaración de Ginebra y México reconocieron por primera vez la existencia de derechos específicos para niñas y niños. Se estableció la responsabilidad ética y social de los adultos hacia su bienestar (Naciones Unidas, 1924). En México se asumió el compromiso de: “reconocer a las infancias como titulares de derechos, con acceso a cuidados, protección y respeto por su dignidad “(UNICEF, 1989).

A partir de lo anterior, te invito a reflexionar: ¿Cómo ha cambiado la definición de crianza a lo largo del tiempo en tu historia familiar?

En mi caso, la crianza familiar comenzó en un contexto donde el trabajo infantil en el campo y la ganadería era parte del día a día. También se transmitían saberes prácticos y culturales, como la preparación de los tacos según la receta tradicional de la familia. Con el tiempo, se empezó a garantizar el cumplimiento de las necesidades básicas de las y los niños, aunque aún se esperaba que trabajaran desde la preadolescencia.

Fotografía, cortesía del autor del artículo.

Hoy en día, nos encontramos en un proceso de reconstrucción que busca alejarse del enfoque adulto centrista, entendido como: “La perspectiva que interpreta la infancia exclusivamente desde las necesidades y miradas adultas para que se pueda promover el desarrollo integral de los infantes”.

Todo ha ido evolucionando y con ello las investigaciones sobre las neurociencias nos dicen que; “Los primeros años de vida son fundamentales para el desarrollo cerebral.” ¿Por qué se dice eso?

Durante la infancia, se forma la base para habilidades como el lenguaje, la autorregulación, la empatía y la resolución de conflictos. Estas capacidades están profundamente influenciadas por el entorno afectivo, la calidad de las relaciones y el tipo de acompañamiento emocional. (Shonkoff & Phillips, 2000).

Al permitir que tus hijos e hijas se desarrollen en entornos que resalten su ternura y no su estado de supervivencia favoreces; una arquitectura cerebral saludable que será una de las mejores herencias que puedes darles a tus hijos e hijas. Desde esta mirada quiero visibilizar lo cansado, difícil y retador que es criar; ¿Qué pasaría si tú también lo reconocieras?

La transformación sobre los estilos de crianza nos está tomando un mayor esfuerzo por equilibrar los derechos y necesidades tanto de las infancias como de quienes les cuidan, sumando además el reconocimiento de la importancia del desarrollo emocional y psicológico desde una mirada integral.

Desde que se reconocieron formalmente los derechos de la infancia, la crianza ha comenzado a transformarse.

No obstante, surge una nueva pregunta: ¿Es momento también de hablar sobre los derechos de los cuidadores primarios? ¿Podemos aspirar a un equilibrio de derechos, en el que todas y todos vivamos en una sociedad empática que contribuya a la crianza desde el acompañamiento consciente, con actos, palabras y creencias que dignifique a quienes crían y a quienes están siendo criados?

En la actualidad, hablar sobre la importancia de priorizarnos como cuidadores primarios puede resultar incómodo, e incluso llegar a percibirse como un acto egoísta o como una señal de “mala paternidad o maternidad”. Sin embargo, lo cierto es que solo podemos ofrecer a los demás aquello que somos capaces de brindarnos a nosotros mismos.

Cuidar de nuestra salud física, emocional y mental no es un lujo, sino una necesidad fundamental para ejercer una crianza consciente, amorosa y respetuosa. Por ello, surge una pregunta esencial: ¿Tú, ¿cómo

te nutres para poder nutrir a tu hija o hijo? Este cuestionamiento no solo apunta a los aspectos físicos, sino también a los espacios de descanso, autocuidado, vínculos significativos y apoyo emocional que como adultos necesitamos para sostener el rol de cuidado.

Fotografía, cortesía del autor del artículo.

¿Sabías qué?, Si quieres que los derechos de tus hijas e hijos se materialicen, es necesario también reconocer tus necesidades y derechos al ejercer tu rol de criar. Desde esta perspectiva, cuidarte no es egoísmo, es un acto de responsabilidad y amor que impacta directamente en el bienestar tuyo y de los y las que amas.

Hoy quiero recordarte que tú también mereces el mismo cuidado, amor y buen trato que brindas cada día a tu hijo o hija. Te invito a reflexionar: ¿Qué cambios podrías hacer en tu vida cotidiana para sentirte verdaderamente merecedor o merecedora de tus derechos? Sé que, quizá, este camino puede parecer complejo.

Deconstruir nuestras ideas y creencias sobre el autocuidado, el amor propio y el valor personal no es tarea sencilla, sobre todo cuando hemos aprendido a priorizar siempre a los demás. Sin embargo, vale la pena hacerlo.

Hoy elijo reconocer de ti que estás dando lo mejor que tienes, y también es tu primera vez viviendo esta vida.

¡Mereces ser amable contigo! Tu historia importa, tu experiencia cuenta. Y al cerrar cada capítulo de tu vida, en cada vivencia, tú también mereces sentirte amado, cuidado, bien tratado e importante.

Cuando no nos sentimos merecedores de cuidado, comenzamos a descuidarnos poco a poco, vaciando nuestro propio “vaso emocional”. En ese estado, resulta difícil convertirnos en una base segura y estable para nuestras hijas e hijos.

Al establecer una rutina en la que constantemente dejamos de lado nuestro autocuidado como madres, padres o cuidadores primarios, es común que aparezca lo que se conoce como estrés parental.

El estrés parental es una respuesta emocional que surge cuando las demandas de la crianza superan los recursos percibidos para afrontarlas. Este tipo de estrés puede manifestarse en sentimientos de agotamiento físico y emocional, irritabilidad, frustración, culpa o incluso en dificultades para establecer vínculos afectivos saludables con las y los hijos (Abidin, 1995).

Dejar de priorizarte no solo afecta tu salud mental y física, sino también la calidad del acompañamiento que ofrecemos a la infancia. Por ello, reconocer nuestras propias necesidades y darnos permiso para

atenderlas no es un acto egoísta, sino una condición necesaria para ejercer una crianza más consciente, amorosa y equilibrada.

¿Te has sentido alguna vez sobrepasado o emocionalmente agotado en tu rol como madre, padre o cuidador?,¿Has reaccionado desde emociones desbordadas? Es posible que lo que estés experimentando sea estrés parental, un estado común en el proceso de crianza que, si no se reconoce y atiende, puede afectar tanto tu bienestar como el de tus hijas e hijos.

El estrés parental puede tener consecuencias significativas en la vida cotidiana. Estudios señalan que este tipo de estrés se asocia con un aumento en la irritabilidad, dificultades en la comunicación familiar, sentimientos de culpa y agotamiento, así como con una disminución en la calidad de las relaciones con las y los hijos. A largo plazo, puede influir negativamente en el desarrollo emocional y conductual de la infancia (Crnic & Low, 2002).

Hoy, a través de este texto, tal vez elijas dar el primer paso: reconocer que estás atravesando por ello.

El reconocimiento no implica debilidad, sino valentía. Y una vez que lo identificamos, se vuelve más posible abrir caminos distintos, que nos acerquen a la tranquilidad, el equilibrio y el cuidado propio.

Sí en este momento pudieras hablar contigo mismo o contigo misma, hazte esta pregunta: ¿Qué siento que me está faltando darme a mí mismo o a mí misma? Este acto de reflexión puede ser el inicio de un cambio significativo en tu bienestar y en la calidad del vínculo con quienes acompañas en la vida. Un gran aliado, después de reflexionar sobre cómo el estrés parental ha impactado en tu vida, es incorporar una herramienta poderosa y transformadora: el autocuidado.

El autocuidado no es un lujo ni un acto egoísta; es una necesidad fundamental para sostener de manera saludable el rol de madre, padre o cuidador. Practicar el autocuidado permite recargar energía, gestionar mejor las emociones, y fortalecer el bienestar general, lo cual influye positivamente en la relación con nuestras hijas e hijos (González et al., 2016).

Hay que reconocer que mereces cuidado es el primer paso para transformar tu experiencia en la crianza, y también para modelar a la infancia una forma saludable de relacionarse consigo misma. ¿Te gustaría heredar a tus hijas e hijos algo que nadie les pueda quitar? Valores como el respeto por sí mismos, su valía, y la capacidad de reconocerse como personas dignas de amor y cuidado. ¿Qué pasaría si eso pudieras inspirarlo con tus acciones diarias? Así como les inspiras a ser mejores personas, a luchar por sus sueños y a promover los buenos tratos, también puedes ser guía en la construcción de su autoestima y su amor propio.

En este momento, tú eres su principal figura de referencia, su mayor fuente de inspiración. Y no hay enseñanza más poderosa que el ejemplo, lo que les hace sentir, no solo a ellos o ellas, sino también a ti mismo o a ti misma.

Fomentar su amor propio empieza por cultivar el tuyo. El amor propio se entiende como la valoración, respeto y aceptación que una persona tiene hacia sí misma. Implica reconocer la propia dignidad, cuidar el bienestar personal y establecer límites sanos en las relaciones (Neff, 2003). El amor propio es una de las herencias más poderosas que puedes legar. Así que sí, vale la pena hacer pausas, repensarnos y cuidarnos. Porque tú también eres valioso. Cuando los adultos se tratan con amabilidad, compasión y respeto, transmiten a la infancia el mensaje de que ellos también merecen hacerlo.

Criar desde esta mirada implica cuestionar lo aprendido, enfrentar el juicio externo y sostenernos en medio de nuestros propios procesos. Pero quiero decirte algo importante: estás haciendo historia. Con cada abrazo, cada límite con amor, cada pausa para respirar, cada momento en que decides cuidarte para cuidar mejor, estás sembrando raíces profundas en el corazón de tus hijas e hijos. No se trata de hacerlo perfecto, se trata de hacerlo presente y de permitirte también ser cuidado.

Sí, la tarea de criar desde este enfoque puede parecer agotadora, lleva en tu mente:

Estoy transformando la historia; permitiendo que mis hijos e hijas se sientan amadas, su desarrollo cerebral ocurra a su propio ritmo, y con ello les estoy ofreciendo las bases para convertirse en adultos plenos, resilientes y conscientes.

Así tal y como soy estoy criando suficientemente bien. “Eres el padre o madre que tu hija o hijo necesita para convertirse en el adulto que está destinado a ser”

Referencias:

1.-Neff, K. D. (2003). Self-compassion: An alternative conceptualization of a healthy attitude toward oneself. Self and Identity, 2(2), 85–101. https://doi.org/10.1080/15298860309032

2.-González, M., López, V., & Pérez, J. (2016). Autocuidado y salud mental en cuidadores familiares. Revista Latinoamericana de Psicología, 48(3), 163–172. https://doi.org/10.1016/j.rlp.2016.06.002

3.-Crnic, K., & Low, C. (2002). Everyday stresses and parenting. In M. H. Bornstein (Ed.), Handbook of parenting: Vol. 5. Practical issues in parenting (2nd ed., pp. 243–267). Lawrence Erlbaum Associates.

4.-Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). (2022). Qué son los derechos humanos

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