15 C
Mexico City
sábado, agosto 8, 2026
Publicidad
Portada Noticias En la Opinión de... El ocaso del encuentro humano: entre pantallas, silencios y despedidas digitales.

El ocaso del encuentro humano: entre pantallas, silencios y despedidas digitales.

419

“La mayor enfermedad de nuestro tiempo es la frialdad del corazón.” Madre Teresa de Calcuta.

Preámbulo

Hace poco más de un año escuché una conversación que me dejó perplejo: alguien dudaba si debía escribir una carta digital para poner fin a una relación de cinco años. Mi primera reacción fue de enojo, no por la decisión en sí, sino por la forma: ¿cómo podía reemplazarse el valor de mirar a los ojos y hablar con franqueza por la frialdad de unas líneas en la pantalla? Lo más inquietante vino después: la persona pensaba redactar la carta con ayuda de la inteligencia artificial.

Así, cada palabra dejaría de ser elegida desde la emoción, la memoria compartida o la vulnerabilidad del momento, para convertirse en una construcción automática, sin matices ni sentimientos.

La carta, en lugar de reflejar humanidad, se transformaría en un objeto despojado de alma: un adiós deshumanizado.

Sin embargo, hoy, aquella escena parece casi un gesto romántico frente a lo que se ha vuelto común: terminar vínculos con un mensaje de WhatsApp, desaparecer tras un bloqueo y reducir el adiós a un silencio digital.

Y entonces me asalta una pregunta que resuena como eco de nuestro tiempo: ¿hasta qué punto nos hemos deshumanizado en esta era donde las pantallas dictan la manera en que amamos, nos despedimos y recordamos?

El nuevo amigo imaginario: consultas, pláticas y toma de decisiones

En la historia de la humanidad, la imaginación siempre ha sido refugio y herramienta. Los niños, por ejemplo, crean amigos imaginarios como una forma de acompañamiento, de ensayo social y de exploración del mundo.

En el presente, la inteligencia artificial se erige como un nuevo tipo de interlocutor: un “amigo imaginario” tecnológico que ofrece diálogo, respuestas y, en algunos casos, orientación para la toma de decisiones.

Hoy en día, es común consultar a estas herramientas incluso en aspectos personales y cotidianos: desde qué medicamento tomar ante un malestar, hasta la combinación de prendas y colores que usar. Esto refleja un fenómeno curioso: solemos delegar aquello que nos cuesta más, como tomar decisiones personales. Y es que, como bien se dice, “no nos gusta tomar decisiones”, aunque una vez tomadas, lo correcto es sostenerlas con firmeza y responsabilidad.

En cuanto a las tareas escolares o laborales, muchas veces se deja que sea la inteligencia artificial quien resuelva los problemas, para después simplemente copiar y pegar la respuesta. Pero esa práctica carece de valor formativo: no genera conocimiento, no permite razonar, asimilar ni transformar la información en algo propio. El verdadero aprendizaje ocurre cuando lo recibido se procesa, se integra y se convierte en parte de nuestras herramientas intelectuales.

Por otro lado, la conversación con estas tecnologías no se reduce a un intercambio mecánico de preguntas y respuestas. Son capaces de adaptarse a tonos conversacionales, estilos narrativos e, incluso, acompañar procesos emocionales. Aquí aparece la metáfora del “amigo imaginario”: un ente que no existe físicamente, pero que se percibe cercano, disponible y dispuesto a escuchar sin juicios.

Aunque no sustituye la interacción humana, sí representa un puente para quienes buscan aclarar ideas, ordenar pensamientos o ensayar discursos.

En conclusión, la inteligencia artificial inaugura un nuevo capítulo en la relación entre humanidad y tecnología.

Como el amigo imaginario de la niñez, nos brinda compañía y conversación; como herramienta de conocimiento, nos ofrece claridad; y como apoyo en la toma de decisiones, nos invita a reflexionar desde ángulos que quizá no habríamos considerado.

La clave está en recordar que este “nuevo amigo” es un espejo digital de nuestro propio razonamiento: útil, cercano, pero siempre subordinado a la conciencia y responsabilidad humana.

“Quizá el verdadero desafío de nuestra era no sea aprender a usar la tecnología, sino conservar en ella la humanidad que nos permite mirar, sentir y despedirnos con conciencia.”

Publicidad