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viernes, agosto 7, 2026
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Sin ti no soy nada: El peso de la dependencia emocional en mujeres.

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Autoras

Katya Álvarez Herrera
Daniela Cruz García

Paola Sunem Lozano Suárez

katyaalvarezherrera1007@gmail.com danicruzg05@gmail.com paolasunemlozano@gmail.com

Licenciatura en Psicología

Universidad Iberoamericana León.

Sin ti no soy nada: El peso de la dependencia emocional en mujeres

¿Cómo saber si amamos desde la libertad o desde la necesidad?.

La diferencia entre amar desde la libertad y amar desde la necesidad, se establece en un equilibrio interno entre el afecto y la independencia. Cuando amamos desde la libertad, nuestra relación es una experiencia alegre y saludable, donde no implica perder nuestra identidad ni sacrificar nuestra salud mental. En cambio, si amamos desde la necesidad, nuestra relación se convierte en una experiencia desgastante y absorbente, donde sentimos que sin esa persona nada tiene sentido.

En nuestra sociedad, el amor suele idealizarse y confundirse con la entrega absoluta, sobre todo bajo la influencia de la cultura patriarcal. Se nos ha inculcado esta idea, donde supuestamente nuestra felicidad depende del amor hacia una pareja; lo que refuerza creencias como “sin ti no soy nada” o “mi felicidad depende de ti”.

Es por esta razón que las mujeres tienden a sufrir más dependencia emocional en sus relaciones y esto puede llegar a transformar el amor en una necesidad que genera sufrimiento, como lo explica Robin Norwood (1985): “las mujeres aprenden a sacrificarse en el amor, creyendo que su misión es cambiar o salvar a su pareja”.

Alguna vez te has preguntado… ¿de dónde viene la idea de entregarlo todo?

Desde la infancia, nosotras como mujeres hemos crecido con un modelo de amor basado en el sacrificio, el cuidado de los demás y la entrega incondicional a la pareja. Aprendemos que el éxito del amor está en entregarnos por completo y muchas veces, nos olvidamos de nosotras mismas durante el proceso.

Mientras que los hombres son motivados a ser autónomos e independientes (Marcela Legarde, 2022).

Idealmente las relaciones de pareja se basan en un vínculo emocional recíproco, donde ambas personas se sienten valoradas y respetadas. Pero, ¿cómo podemos darnos cuenta de que este vínculo ya no es sano?.

En una relación, es muy común buscar un apoyo emocional en el otro; sin embargo, se vuelve una dependencia cuando esta búsqueda sobrepasa el punto de apoyo (Raypole, 2021). La dependencia emocional en una relación de pareja se ve como un comportamiento recurrente, donde la persona siente una necesidad extrema de afecto por su pareja y esto la lleva a sentir que su vida gira en torno a la otra persona (Olivares y Velázquez, 1997).

En cambio, un vínculo emocional sano se caracteriza por la confianza mutua, una comunicación abierta y honesta, la capacidad de mantener la autonomía sin perder el apoyo emocional del otro y una gestión madura sobre los conflictos, donde las diferencias se resuelven de manera constructiva y sin miedo al abandono (Salcedo y Serra, 2013).

La dependencia emocional es como una trampa. Primero, se disfraza de amor apasionado, de esas historias que vemos en las películas, series y libros; donde la protagonista haría cualquier cosa por seguir con el hombre de sus sueños. Después, poco a poco, esa pasión se convierte en ansiedad, donde experimentamos un gran miedo a quedarnos solas y la sensación de no saber quienes somos.

Y es aquí donde surge la pregunta: si constantemente necesitamos la aprobación de nuestra pareja y si el miedo a estar sola pesa más que nuestra propia felicidad, entonces ¿seguimos en una relación o en una dependencia emocional con disfraz de romance?.

Es importante entender que la dependencia no llega de la noche a la mañana, sino que va construyéndose poco a poco y que puede aparecer de distintas maneras (Romero, 2024). Comienza cuando sentimos que no podemos tomar una decisión sin lo que opine nuestra pareja, al estar constantemente preocupadas por la posibilidad de que él se aleje de nosotras, al sentir celos irracionales cuando él habla con otras mujeres, al cancelar nuestros planes para estar más tiempo con él y posiblemente cuando dejamos a un lado a nuestros amigos o familiares para pasar todo el tiempo con nuestra pareja. Entonces, de repente nos acostumbramos a priorizar las necesidades de nuestra pareja sobre las nuestras y un día nos damos cuenta de lo siguiente: “me he convertido en una versión de mí misma que ni siquiera reconozco”.

Según Bárbara Zorrilla (2023), las relaciones dependientes son una mezcla de muchos miedos: miedo a no ser amada, miedo al compromiso, miedo a enamorarnos, miedo a la traición, miedo a que nos dejen de querer. Aunque el peor de todos es el miedo a la soledad, donde nos obligamos a soportar la indiferencia de nuestra pareja, o la constante sensación de insatisfacción, porque la alternativa sería terminar esa relación y enfrentarnos a nosotras mismas, lo que resulta como una idea completamente aterradora. En lugar de cuestionarnos si realmente somos felices en esa relación, nos repetimos una y otra vez: “pero al menos no estoy sola”.

A veces este miedo a estar solas, nos lleva a aferrarnos a una relación que ya no nos hace felices, que no nos permite crecer, o que simplemente ya no va con nosotras.

Dejar ir a la persona que más amamos, es muy difícil y duele mucho sentir el miedo de no saber qué va a pasar después de hacerlo. Pero duele mucho más no ser felices, porque el amor no debería sentirse como una carga, sino que debería ser un lugar seguro donde podamos ser nuestra mejor versión y donde realmente podamos ser felices.

Decir adiós también puede ser un acto de amor, hacia nuestra pareja y hacia nosotras mismas. Dejar ir es elegir nuestra paz, nuestra independencia y nuestra felicidad, sabiendo que el verdadero amor comienza con el amor propio. Y aunque el camino no sea fácil, dejar ir es el primer paso.

Después de terminar una relación en la que nos entregamos por completo e incluso un poquito de más, el duelo puede sentirse devastador. No solo lloramos por la persona a la que le decimos adiós, sino por la versión de nosotras que se quedó atrapada en esa historia. Entonces, ¿cómo recuperamos esa versión de nosotras? ¿cómo retomamos el control de nuestras vidas? Y sobre todo, ¿cómo volvemos a empezar?. Volver a empezar no significa olvidar lo vivido ni borrar el pasado, sino aprender a reconstruirnos con lo que queda, con lo que duele y con lo que también nos hizo fuertes. Recuperar el control de nuestra vida empieza con pequeños actos de autocuidado, recordando que todo es parte del proceso de sanar.

Y en este proceso, lo más importante es que aprendemos. Aprendemos a perdonarnos por habernos quedado más tiempo del que debíamos, por no saber las cosas que ahora sabemos, por haber dado tanto conformándonos con tan poco, y por no habernos elegido antes. Aprendemos a confiar nuevamente en nosotras mismas, a poner límites todos los días, a reconocer nuestras emociones sin juzgarlas; pero sobre todo, aprendemos a estar solas y disfrutar de nuestra propia compañía, sin sentir que necesitamos de alguien para estar completas.

Aprender a disfrutar de la soledad es aprender a convivir con nosotras mismas sin miedo. No se trata de aislarnos completamente del mundo, sino de encontrar paz en el silencio y una forma de reconectar con quienes somos.

En ese espacio de soledad, comenzamos a redescubrir lo que realmente nos gusta, lo que nos mueve y lo que deseamos construir para nuestra vida. Recuperamos pasiones olvidadas, retomamos proyectos que habíamos dejado en pausa, y comenzamos a tomar decisiones por y para nosotras mismas, sin necesidad de validación externa.

Desde este lugar de reconexión interna, podemos comprender que compartir la vida con alguien es una elección libre, no una necesidad urgente de llenar vacíos. Qué podemos querer mucho y aun así, tener la valentía de soltar, si eso significa recuperar algo nuestro que alguna vez perdimos.

Aprender a estar solas, a disfrutarnos, a sanar nuestras heridas sin buscar en otro lo que solo nos corresponde a nosotras mismas, es el acto más radical de amor propio. Porque solo desde ese lugar, desde sentirnos completas, es posible construir relaciones verdaderamente sanas; donde el amor no duela, no controle y no limite.

Como dice Walter Riso (1999): “Amar no es depender, amar es compartir la vida con alguien sin perder nuestra propia vida en el intento”. Y siempre vale la pena recordar: sin ti soy todo, porque me tengo a mí misma, y eso es suficiente para volver a empezar.

Bibliografia

Olivares, O., & Velázquez, I. (1997). Dependencia emocional femenina en relaciones de pareja (Tesis de licenciatura, Universidad Autónoma de México). Repositorio Institucional de la UNAM. https://repositorio.unam.mx/contenidos/dependencia-emocional-femenina-en-las-relaciones-de-pareja
-179046?c=AzzoW2&d=false&q=:&i=1&v=1&t=search_1&as=4

Zorrilla, B. (2023, junio). La dependencia emocional en las mujeres. Bárbara Zorrilla Pantoja | Psicoterapia Integral.
https://barbarazorrillapantoja.com/2016/05/23/la-dependencia-emocional-en-las-mujeres/

Romero, A. M. (2024, julio). La dependencia emocional hacia tu pareja: Aprende a identificarla y a superarla. Neuropsicología y Psicología.
https://ananeuropsicologia.com/la-dependencia-emocional-hacia-tu-pareja-aprende-a-identificarla-y-a
-superarla/

Lagarde, M. (2022). Claves feministas para la negociación en el amor. Siglo XXI Editores.

Salcedo, A., & Serra, E. (2013). AMORES DEPENDIENTES: Teoría del apego como origen, mantenimiento y solución a la dependencia en el amor. Tirant Lo Blanch.

Raypole, C. (2021, agosto). Dependencia emocional: Cuáles son las señales y qué debes hacer. Healthline. https://www.healthline.com/health/es/dependencia-emocional

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