15 C
Mexico City
viernes, agosto 7, 2026
Publicidad
Portada Noticias En la Opinión de... “La psicología sin lucha social es coaching”: Revisiones de una estudiante de...

“La psicología sin lucha social es coaching”: Revisiones de una estudiante de psicología

378

Por: Paola Camarena Huerta

Licenciatura en Psicología

Universidad Iberoamericana León

Email: 192756-7@iberoleon.edu.mx

México

A lo largo de mi formación, la frase “la psicología sin lucha social es coaching” siempre encuentra la manera de regresar a mi cabeza, haciéndome cuestionar qué tanto ponemos en práctica una visión que lleve a cabo todos los factores que pueden interceptar al estudio del bienestar humano. La situación sociopolítica del mundo actual parece tornarse cada vez más preocupante y desesperanzadora, lo cual tiene consecuencias directas en la salud mental, sobre todo la de aquellos grupos que enfrentan constante marginación y vulnerabilidad.

Aunado a esto, resulta preocupante que haya aún profesionales y estudiantes en formación que, aunque de manera no deliberada, su percepción y tratamiento se ve permeada completamente por su privilegio.

Existen múltiples factores que intervienen en la salud mental, y es fundamental reconocer que no siempre se resolverán en su totalidad mediante la terapia o intervención psiquiátrica. En muchos casos, encuentran su raíz en estructuras económicas, sociales, educativas, entre otras. Por ello, la psicología sin una perspectiva de lucha social corre el riesgo de convertirse en una forma de coaching, al replicar lo que precisamente busca erradicar: el “échaleganismo”. Este enfoque individualista que responsabiliza a la persona por problemas que la rebasan y se proponen soluciones que son meramente individualistas, perpetuando un sistema que sostiene una visión meritocrática de la salud mental.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud [OMS], la salud mental no se limita únicamente a la ausencia de trastornos psicológicos (es decir, de la enfermedad), sino que implica un disfrute integral del bienestar, que incluye tanto aspectos individuales como colectivos. (OMS, 2022). Este concepto resulta fundamental para sentar las bases en las que deberíamos situarnos para concebir al confort psicológico, constituyendo un pilar para un desarrollo adecuado en todas las áreas de la vida, incluyendo el personal, comunitario y, sobre todo, el contexto socioeconómico. Pero entonces, ¿por qué no lo aplicamos como tal?.

En los últimos años, se ha utilizado el término “determinantes sociales” para abordar los diversos contextos y problemáticas que las personas experimentan. La OMS (citado en Leiva-Peña et al) las define como aquellas condiciones en que las personas viven, nacen, crecen, envejecen, trabajan y se desenvuelven cotidianamente, impactando directamente en la salud. Estas se dividen en 3 categorías: Individuales, familiares/comunitarios y estructurales.

Los factores individuales ensamblan lo psicológico y biológico, como la genética, las habilidades aprendidas para lidiar con diferentes circunstancias, las emociones o las relaciones interpersonales. La salud cerebral puede verse determinada incluso desde antes de nacer, en caso de existir uso de sustancias psicoactivas por parte de la madre, por ejemplo.

Luego, la familia y la comunidad se refieren al entorno que envuelve a una persona, así como las condiciones sociales y económicas en las que se vive. Es decir, incluyen relaciones con familiares, amigxs, compañerxs de escuela, vecinxs, etcétera. El acceso a servicios como educación de calidad y empleo, pueden aumentar o disminuir las oportunidades que motivan a la persona para tomar las riendas de su camino, por lo que la limitación o falta de estas oportunidades perjudica el bienestar mental.

Por último, los factores estructurales se relacionan con aspectos más generales y tienen una base sistémica, como la cultura, la política, o el sistema socioeconómico. Por tanto, atraviesan el día a día de la población, reflejándose en cuestiones como la infraestructura, la calidad ambiental y las políticas económicas y sociales.

Dicho de otra manera, los factores estructurales influyen mayormente al determinar el acceso a servicios básicos como el agua, alimentos, vivienda y atención médica. Asimismo, decretan creencias, normas y valores que predominan en la sociedad, particularmente aquellas vinculadas al género, la raza y la orientación sexual, lo cual influye significativamente en la salud mental. Así mismo, dejan una huella prominente en la dinámica social; por ejemplo, problemas históricos como el colonialismo, o actuales, como la crisis climática, también influyen en estos factores estructurales.

“Juntos, los factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales determinan nuestra salud mental. Es importante destacar que estos determinantes interactúan entre sí de una manera dinámica. Por ejemplo, el autoestima de una persona puede aumentar o disminuir según el apoyo social y la seguridad económica en el hogar, lo que a su vez puede depender

de la estabilidad política, la justicia social y el crecimiento económico de un país.” (Organización Panamericana de la Salud, 2023).

En la cultura occidental se llevan a cabo contextos de vida que facilitan enfermedades tanto psíquicas como físicas. “La pobreza, la deprivación, los hábitos de consumo, el estrés y los modos de vida poco saludables contribuyen al aumento de enfermedades de causalidad social y de carácter crónico, que son complejas y requieren ser abordadas holísticamente, en lugar de manejarlas primordialmente desde el modelo biomédico”. (Leiva-Peña et al, 2021). El autor agrega que, dicha causalidad social se refiere a una hipótesis que ha sido comprobada una y otra vez: la enfermedad es una consecuencia esperable, lógica y automática de la dinámica social. Por ejemplo, la Organización Panamericana de la Salud [OPS] estableció en su informe mundial sobre la salud mental que en los países con mayor desigualdad de ingresos y polarización social la prevalencia de esquizofrenia, depresión, ansiedad y consumo de sustancias psicoactivas es más alta.

Sin embargo, también hemos cometido el error de aunar estos factores y, peor aún, reducir la experiencia humana a explicaciones patologizantes y teorías simplistas para explicar su complejidad. Acudir a etiquetas como “psicópata” o “enfermo mental” es un recurso cómodo, que despoja completamente la posibilidad de asumir responsabilidad como sociedad ante diversas problemáticas. Según Pavón-Cuellar (2023), nuestro sistema económico actual busca alienar a los individuos de sus comunidades, creando un estilo de vida alejado de una sociedad que le brinde sostén emocional. El autor refiere que al aislar y visualizar a los sujetos como seres individuales, entonces se vuelven más fáciles de controlar por sistemas de poder como el estado, el patriarcado, el capitalismo, e incluso, la misma psicología. Al estar solas e indefensas, se les trata más como objetos que como personas con poder de cambio. “Nada más fácil que objetivar a un sujeto individualizado y así desactivado y debilitado, sumido en la impotencia y la inmovilidad.” (Pavón-Cuellar, 2023).

Siguiendo esta misma línea, el autor expone que actualmente, problemas como la ansiedad y la depresión se tratan como asuntos personales en lugar de consecuencias de un sistema que los genera; la psicología, aunque surgió para ayudar a las personas con problemas emocionales, ha terminado reforzando esta individualización, haciéndolas responsables de su sufrimiento sin cuestionar las causas sociales y políticas detrás de él.

Por tanto, no cabe duda que el capitalismo y la psicología trabajan de la mano desde este enfoque enajenador, señalando al que sufre en lugar de a quien provoca el sufrimiento. Manteniendo fuera de cuestionamiento al sistema y sometiendo a quien es producto de él.

Pavón-Cuellar (2019) describe una forma de hacer psicología que desenmascara todo aquello que resulta insuficiente en la práctica de ésta, la “psicología crítica”. Según este enfoque, hemos creado más bien una psicología apolítica que reduce al ser humano a un objeto de estudio, aunque ni siquiera es posible determinarlo como tal, ya que si realmente hubiera un entendimiento de él, sabríamos que su existencia no puede definirse de manera precisa ni absoluta. Entonces, la psicología crítica revela las limitaciones inherentes a las prácticas tradicionales de esta disciplina.

Los diferentes modelos psicológicos dominantes, por ejemplo, son concebidos como expresiones ideológicas de la sociedad clasista y capitalista, burguesa e individualista, liberal o neoliberal, colonial o neocolonial, racista y eurocéntrica, patriarcal y heteronormativa. Estas formas de sociedad son las que se expresan en la psicología y son por ello también cuestionadas por la psicología crítica. (Pavón-Cuellar, 2019).

Fotografía, cortesía del autor de este artículo.

Así que, la incongruencia radica en que la psicología se mueve dentro de los márgenes del capitalismo, el mismo sistema que origina muchos de los problemas psicológicos que buscan abordar. ¿De qué sirve recomendarle a una persona que duerma mejor cuando su horario laboral no se lo permite?, ¿qué sentido tiene remarcar los beneficios de salir a caminar cuando nuestras calles están repletas de inseguridad? o, ¿cómo fomentar la terapia como herramienta clave para la salud cuando aún no es accesible para toda la población? Implementar la mencionada psicología crítica puede encaminarnos a explorar la profundidad y antecedentes de los conflictos mentales que persisten actualmente, en lugar de rebatirlos a cuestiones particulares del individuo.

La psicología no sólo es memorizar un manual diagnóstico de principio a fin o estar de acuerdo en que nunca entendimos a Lacan, sino que se convierte en una responsabilidad que excede los lineamientos de un horario laboral tradicional o las horas clase en una universidad. Abogar por asistencia médica asequible, exigir servicios públicos que cumplan con las necesidades de todxs, implementar espacios recreativos para la población, o algo tan simple como informarse sobre lo que pasa día con día en el mundo que habitamos, también es psicología.

Con esto no quisiera demeritar los grandes hallazgos que la psicología ha alcanzado, porque definitivamente nos ha movido a un lugar en el que no estaríamos sin lo que hemos encontrado hasta este momento. Sí, hacer psicología es un acto político en un mundo que ignora la salud mental, pero no debe sólo ser política, sino buscar romper con lo que hasta ahora no nos deja aspirar a la paz colectiva ni desmantelar los sistemas opresivos que la obstaculizan, porque el bienestar individual no es posible sin antes atender el colectivo.

Además, en un país como México, la teoría psicológica queda obsoleta y quedamos rebasados por tragedias sociales que no encuentran su respuesta en un libro o análisis conductual tradicional, lo

cual nos obliga a replantear nuestra práctica, buscar nuevas maneras de estudiar la psique y reaprender todo lo que creíamos haber dado por hecho en esta disciplina. Nos enfrentamos a una realidad donde las desapariciones forzadas, los feminicidios, la pobreza extrema, y la violencia sistémica no sólo impactan a las comunidades directamente afectadas, sino también a la estructura emocional y psíquica de la sociedad en su conjunto.

Esto significa que como estudiantes, profesionistas o cualquier persona interesada en el bienestar psicológico, debemos comprometernos a dejar de lado la comodidad del conocimiento ya preestablecido, cuestionando y buscando alternativas a los desafíos de nuestro tiempo. La psicología no puede ni debe ser una disciplina aislada, sino que funge como una herramienta de transformación social, donde la lucha debe ser parte fundamental de nuestra práctica, porque el futuro de la psicología no puede ser otro que no incluya la justicia social y la dignidad humana.

Fotografía proporcionada por Ana Paula Zafra.

Referencias

Gil, J. (2024). Investigación en terapia Gestalt. Revista de terapia gestalt. (44). https://iscelenie-course.ru/pl/fileservice/user/file/download/h/f1a4cb2c43b0fcdf3ad2c37981c210da.pdf

Hernández, S. (2024). Crisis en la psicología. El diván negro.

Leiva- Peña, V., Rubí-González, P. Vicente-Parada, B. (2021). Determinantes sociales de la salud mental: políticas públicas desde el modelo biopsicosocial en países latinoamericanos. Rev Panam Salud              Publica.          (45). https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/55365/v45e1582021.pdf?sequence=1

López, M., Laviana, M. (2025). Los determinantes sociales y los problemas de salud mental. Una visión de conjunto. https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352024000200008

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2021). Determinantes sociales de la salud. https://apps.who.int/gb/ebwha/pdf_files/EB148/B148_24-sp.pdf

Organización Mundial de la Salud [OMS]. (2022). Salud mental: fortalecer nuestra respuesta. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-strengthening-our-response

Organización Panamericana de la Salud [OPS]. (2023). Informe mundial sobre la salud mental. Naciones Unidas. https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/57878/9789275327715_spa.pdf

Pavón-Cuellar, D. (2019). Psicología crítica y lucha social: pasado, presente, futuro. (37), 19–34. https://doi.org/10.21501/16920945.3340

Pavón-Cuellar, D. (2023). El sujeto de la psicología: reclusión, contracción, inmovilización, objetivación, inculpación, privatización y despolitización. Nueva hegemonía. (17), 111-129. https://www.researchgate.net/profile/David-Pavon-Cuellar/publication/372221003_El_sujeto_de_la_psicologia_reclusion_contraccion_inmovilizacion_objetivacion_inculpacion_privatizacion_y_despolitizaci on/links/64aa3aad95bbbe0c6e21d223/El-sujeto-de-la-psicologia-reclusion-contraccion-inmovilizacion- objetivacion-inculpacion-privatizacion-y-despolitizacion.pdf

Pavón-Cuellar, D. (2019). Psicología crítica y lucha social: pasado, presente, futuro. Poiésis, (37) 19-34. https://revistas.ucatolicaluisamigo.edu.co/index.php/poiesis/article/view/3340/2556

Publicidad