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jueves, agosto 6, 2026
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Crónica de un Hombre de Fe

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La Extraordinaria Historia de Arturo David Vásquez Urdiales

Redacción Tecnopia.org

“La enseñanza de la escuela es una madre. Madre, también, en sentido literal, es la calle, la universidad, la maestría de las trompadas, los golpes con sabor amargo. La banqueta fue mi madre formadora, y el trabajo, mi madre motivadora. El dulce sabor de la victoria mi madre madrina”.

Extracto de “Breve Tratado Elemental y Ameno de las Desvirtudes Humanas”

Muchos años después, en el ocaso de una de sus siete vidas dedicada por igual a las leyes y a las letras, el doctor Vásquez Urdiales habría de recordar aquella tarde remota en que su padre le regaló su primer libro. También recordaría la primera vez en que ambos destinos se dieron la mano y sus letras se hicieron leyes y a veces, jurisprudencia. La silueta del notario público se recorta en la penumbra de su estudio, rodeado de volúmenes jurídicos y novelas clásicas. No es casualidad: Vásquez Urdiales es notario, jurista y escritor, un hombre de leyes con alma de literato que ha forjado “una obra literaria única en el panorama contemporáneo”. En cada página que sella y en cada historia que escribe late la misma vocación de servicio y verdad. Su pluma se alimenta de la memoria viva, no la memoria burocrática del expediente, sino la que duele como herida abierta y no deja que la verdad se olvide. Así, entre actas notariales y crónicas, ha ido tejiendo una leyenda personal en Oaxaca.

Arturo nació en la ciudad de Oaxaca de Juárez un 15 de mayo de 1968, cuando la primavera oaxaqueña teñía de jacarandas las calles de la Verde Antequera. Retoño de un matrimonio de abogados y escritores, creció entre el rumor de las calles del exmarquesado y el centro histórico de la ciudad de Oaxaca de Juárez, rodeado desde sus primeras luces de la solemnidad de códigos legales y la pesada sombra de un juez que rara vez se quitaba la toga y siempre cargaba un revólver envuelto en el periódico Mundo en el que escribía y que traía bajo el brazo y que desde temprana edad llamaba también papá, acaso predestinado a honrar ambas tradiciones. Desde joven mostró un hambre insaciable de conocimiento: estudió Derecho por una obligación dinástica y años después por vocación también Pedagogía, convencido de que la justicia camina de la mano de la educación. Continuó escalando peldaños académicos con una maestría y finalmente un doctorado y postdoctorado en Derecho, consolidando una formación tan amplia como sólida. Quienes lo conocieron en aquellos años cuentan que podía leerse el Código Civil por las mañanas y a Dickens o Márquez al caer la noche, como si ya entonces intuyera que su destino sería una mezcla de toga y poesía.

A los 19 años, Arturo dio sus primeros pasos en el mundo de la justicia. Corría 1987 cuando ingresó como modesto oficial en la Procuraduría General de Justicia de Oaxaca, donde aprendió del dolor ajeno y de la importancia de la empatía. En oscuros archivos y frías oficinas vio desfilar casos humanos que lo marcaron. Poco después, en 1990, se convirtió en oficial del Registro Civil, cargo que lo llevó a recorrer pueblos y agencias municipales desde Zaachila hasta Sola de Vega, registrando nacimientos y matrimonios en actas amarillentas. En cada firma daba fe de la existencia y unión de personas humildes, entendiendo a fondo la realidad de su pueblo. No importaba lo remoto del paraje: si la comunidad necesitaba un acta o un nombre legal, aquel joven funcionario itinerante montaba en su auto para llevar certeza jurídica a rincones olvidados. Aquellas travesías forjaron su carácter y le enseñaron que la ley debe estar al servicio de la gente, por distante que ésta se encuentre.

En 1991, Vásquez Urdiales amplió sus horizontes profesionales. Además de litigar ante los tribunales como abogado postulante, comenzó a colaborar con el diario Noticias de Oaxaca, poniendo sus palabras al servicio de la crónica periodística. El joven abogado aparecía en la redacción con el ceño todavía fruncido por los casos del día, pero dispuesto a convertir la realidad en relato. Sus primeros artículos, publicados en un tiempo convulso para el estado, mostraban ya ese estilo reflexivo y apasionado que más tarde sería su sello. Así, antes de cumplir los 25 años, Arturo ya vivía una doble vida: por la mañana se batía en juzgados y oficinas públicas, por la tarde-noche dejaba que la pluma volara sobre el papel de periódico.

A mediados de los años 90, su nombre se hizo familiar tanto en oficinas gubernamentales como en los mercados populares. En 1992 ingresó a la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), decidido a proteger a los más vulnerables de abusos comerciales. Su tenacidad lo llevó a ascender rápidamente: de verificador anónimo pasó a jefe de inspectores, y de allí a abogado conciliador. Para 1993, con apenas 25 años, ya dirigía en Oaxaca la oficina estatal de Servicios al Consumidor, enfrentándose a coyotes y fraudes con igual fervor. Quienes lo veían recorrer mercados y tiendas recuerdan su trato afable con la gente sencilla: explicaba a ancianas cómo defender sus derechos ante un mal peso de tortilla, o mediaba con paciencia entre comerciantes y clientes estafados. Durante el período de 1993 a 1996 fue la cara de PROFECO en Oaxaca, y gracias a su labor muchos entendieron que la justicia también se mide en gramos y litros exactos. Su destacada actuación incluso trascendió al plano nacional: en mayo de 1995 recibió un reconocimiento del Procurador Federal del Consumidor, Fernando Lerdo de Tejada, durante la Reunión Nacional de Servidores Públicos de PROFECO, elogiando su entusiasta labor en defensa del consumidor. Eran años intensos en que Arturo se dividía entre oficinas, comunidades y conferencias, pero no perdió nunca la humildad ni la cercanía con la gente común.

Hacia el final de los noventa, la trayectoria de Vásquez Urdiales tomó rumbos aún más altos en el servicio público. Su prestigio como jurista íntegro le abrió las puertas de responsabilidades mayores: en 1999 asumió la Dirección de Normatividad en la Contraloría estatal, velando por la legalidad dentro del propio gobierno. Al despuntar el nuevo milenio, llevó su vocación protectora al campo de los derechos humanos, integrándose a la flamante Comisión Estatal de Derechos Humanos de Oaxaca. En 2001 sirvió como Secretario Técnico del Consejo de la Comisión y luego como Director de Quejas y Conciliación, atendiendo de primera mano las denuncias de violaciones a derechos fundamentales. Aunque esos encargos fueron breves, dejaron una huella: Arturo conoció de cerca el dolor de víctimas de injusticias y puso su conocimiento al servicio de ellas, fortaleciendo en su espíritu la idea de que la ley debe tener rostro humano.

Paralelamente, continuó aportando su saber en el terreno legislativo y político. Por varios años fue asesor jurídico de distintas fracciones parlamentarias del Congreso de Oaxaca, convirtiéndose en una suerte de gurú legal tras bambalinas. Su imparcialidad y profesionalismo eran tales que lo mismo aconsejaba a representantes de diversos partidos – desde el Partido Verde hasta el PRI e incluso liderazgos de la izquierda local–, siempre guiado por la convicción de fortalecer las instituciones democráticas. En el año 2000 ocupó la Dirección Jurídica del Congreso estatal, y para 2006 ya coordinaba asuntos jurídicos de la Gobernación del estado, navegando con destreza los complicados vericuetos del poder. Llegó uno de los mayores honores en su carrera: en mayo de 2008 fue nombrado Consejero Jurídico del Gobierno de Oaxaca, convirtiéndose en la mano derecha legal del gobernador. Desde ese puesto –una suerte de Canciller de la Justicia en el ejecutivo estatal– impulsó reformas y dictaminó leyes, siempre con la mirada puesta en el bienestar común. Sus colegas narran que en las reuniones de gabinete su voz serena se alzaba para recordar la letra de la ley y también su espíritu, abogando por decisiones justas más que políticas.

Pero el destino de Arturo Vásquez Urdiales aún le tenía reservado el capítulo más emblemático de su vida jurídica: la fe pública notarial. Ser notario en Oaxaca es algo más que un cargo; es una investidura casi mística, un reconocimiento social forjado por mérito y confianza. El 15 de mayo de 2007, el mismo día que cumplía 39 años, Arturo recibió como regalo del destino su nombramiento oficial de Notario Público número 100 del Estado de Oaxaca. Aquel día, con la tinta fresca del decreto estampada sobre el papel, entendió que se convertía en custodio de la certeza y la legalidad para su pueblo. No obstante, la verdadera labor notarial comenzaría tiempo después: tras cumplir con todos los requisitos y preparativos, inauguró la Notaría No. 100 el 7 de octubre de 2010, abriendo sus puertas a la ciudadanía. Desde entonces, el “Notario 100” –como muchos le llaman con respeto– ha dedicado cada jornada a dar fe de voluntades y resguardar los derechos civiles. En esas oficinas de paredes crema y archivos impecables, ha atendido por igual a ancianos campesinos que acuden temerosos con un testamento, que a empresarios y autoridades que buscan certidumbre jurídica. Catorce años han transcurrido en ese quehacer y su compromiso solo se ha profundizado. Para Arturo, cada firma asentada ante su fe pública es un pacto sagrado con la sociedad, y él, como buen notario y humanista, actúa con la conciencia de estar escribiendo pequeñas páginas en la historia de las familias oaxaqueñas.

En la jornada testamentaria de septiembre de 2022 y 2023, la ciudad de Oaxaca de Juárez fue testigo de una jornada sin precedentes en la historia jurídica y social del estado. La Notaría Pública número 100, bajo la dirección del Dr. Arturo David Vásquez Urdiales, en colaboración con el municipio de Oaxaca de Juárez, así como de toda el área conurbada de la capital y la Fundación Testamento un Acto de Amor A.C., implementó el programa “Testamento, un acto de amor”, otorgando más de 500 testamentos en su primera edición y 380 testamentos gratuitos en la segunda a personas de la tercera edad, con discapacidad y en situación de vulnerabilidad.

Esta iniciativa no solo brindó certeza jurídica a cientos de familias, sino que también representó un esfuerzo estratégico para combatir prácticas ilícitas como la falsificación de documentos públicos y la usurpación de bienes inmuebles. En un estado donde el despojo, el tráfico de escrituras falsas y la corrupción catastral han lacerado durante años la vida de muchas personas, el acceso masivo y gratuito al testamento significó una auténtica barrera legal contra el crimen patrimonial. Fue un acto silencioso de resistencia, un escudo de papel legítimo frente a una maquinaria ilícita que opera con violencia, intimidación y fraudes notariales apócrifos.

Al facilitar el acceso a testamentos legalmente válidos, se fortaleció la protección del patrimonio familiar y se sentaron las bases para una cultura de legalidad y prevención de conflictos sucesorios. Se trató de un hecho jurídico sin precedentes en la región, tanto por la cantidad de instrumentos otorgados como por la calidad humana con que se ejecutó.

El Dr. Vásquez Urdiales, con su vasta experiencia en el ámbito jurídico y su compromiso con la justicia social, lideró esta jornada con la convicción de que el testamento es una herramienta esencial para garantizar la voluntad de las personas y la seguridad de sus seres queridos. Su labor, reconocida por autoridades estatales y municipales, consolidó su papel como un referente en la promoción de la legalidad y la defensa de los derechos patrimoniales de los ciudadanos.

La magnitud de este programa y su impacto en la comunidad oaxaqueña reflejan el compromiso del Dr. Vásquez Urdiales con la construcción de una sociedad más justa y equitativa, donde el acceso a la justicia y la protección del patrimonio sean una realidad para todos. Para muchos, esta jornada no fue solo un trámite notarial gratuito: fue un acto de amor, de dignidad y de blindaje contra la barbarie de quienes pretenden arrebatar la tierra a los vivos y falsificar la voluntad de los muertos, en un país donde el costo modesto de un testamento es aún obstáculo para la materialización y preservación de la última voluntad humana. En cada testamento extendido con su firma, el doctor Vásquez Urdiales dejó constancia de que la justicia también puede ejercerse con compasión, previsión y firmeza.

Lejos de limitarse al trabajo de escritorio, Vásquez Urdiales nunca abandonó sus otras pasiones ni, claramente, su vocación de servicio social. Con la misma energía con que protocoliza un documento, impulsa proyectos comunitarios y académicos como el Claustrum Doctoralis Universum Vitalis o la Agencia Mexicana para la Investigación del Espacio Exterior o incluso la Federación Internacional de Biotrónica y Biomedicina Tisular Avanzada. Fue socio, por ejemplo, de un programa llamado Vivienda Digna Mexicana, orientado a proporcionar vivienda accesible a familias necesitadas, reflejo de su anhelo por la justicia social desde frentes no convencionales. También fue miembro fundador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Políticas y Sociales de Oaxaca, espacio dedicado al estudio y mejora del marco legal y la participación ciudadana. Otra gran anécdota, fue fundador e impartió los primeros cursos de las carreras de Crimonología y Criminalística como disciplinas conjuntas, reconocido así por múltiples instituciones del rubro a nivel continental. En el ámbito docente, compartió sus conocimientos formando nuevas generaciones de juristas: se desempeñó como catedrático de Derecho, impartiendo materias fundamentales a jóvenes estudiantes a los que inculcó no solo teoría, sino amor por la ética y la lectura. Incluso la Escuela Nacional de Cuadros de su partido reconoció su aporte como profesor de ciencias políticas en 1995. Fue también durante catorce años docente de la materia de “Historia de México” de la preparatoria número 1 de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y a la fecha es frecuentado por sus alumnos que nunca dejaron de decirle maestro.

Su figura se volvió habitual en foros y congresos: lo mismo disertaba sobre reformas legales en coloquios nacionales, que presentaba ponencias en simposios académicos, siempre con el porte sencillo y la claridad didáctica del maestro que también es. Llegó a fundar y presidir el Foro Oaxaqueño de Justicia, un espacio gremial donde abogados, jueces y notarios debaten mejoras al sistema judicial, y encabezó la Asociación Pro-Defensa de los Derechos Humanos, alzando la voz contra los abusos y articulando esfuerzos con organizaciones civiles. Estos cargos honoríficos hablan de la confianza que sus pares depositan en él: sus colegas lo eligieron líder no por ambición política, sino porque reconocen en Arturo a un hombre de principios dispuesto a poner el bien común por encima de cualquier interés.

Si la trayectoria jurídica de Vásquez Urdiales es impresionante, su faceta literaria y humanista no lo es menos. A lo largo de su vida, Arturo ha cultivado las palabras con el mismo ahínco con que cultiva la justicia. En las noches silenciosas de Oaxaca, tras las largas jornadas de trabajo, se le ha visto volcar sus reflexiones en el papel. Sus primeros escritos periodísticos dieron paso con el tiempo a proyectos más personales y creativos. Autor del libro “Breve tratado elemental y ameno de las desvirtudes humanas”, exploró con ironía y erudición las flaquezas y contradicciones de nuestra especie, demostrando que un jurista también puede filosofar sobre la condición humana. Sus inquietudes literarias lo llevaron más allá: incursionó en la narrativa con relatos y fábulas que mezclan realidad y fantasía, muchos de ellos inspirados en la rica tradición de su tierra. Títulos como “El extraño caso del señor Carballo” o “Manuel, el cuchillero que terminó en fantasma” o su primera Tecnobiblia (sí, ha leído usted bien) “Las Profecías”, deleitan a los lectores con su imaginación desbordante y su fino sentido del humor crítico. Notario de día, fabulista de noche, Arturo David fue construyendo una personalidad literaria singular, aplaudida por los círculos culturales.

“¿Que cómo escribo? La verdad quién sabe. Generalmente como abogado, con el sobrio, ridículo, desflorado y malvado idioma de los abogados. Las sentencias más terribles se han escrito con las palabras más dulces, decía Cicerón, abogado romano, por cierto, a quien le enterraron filos en la lengua después de arrancársela.

¡Ay, la historia humana! Pero a cada paso ha existido un historiador, un escritor y un poeta.

Una convicción clara tengo: la literatura o el arte de bien escribir con utilidad y sentido no es una caricatura, a la que tanto están dadas ahora las imperfecciones humanas. Juzgo que las personas de responsabilidad debemos entrar en una glosa de oración, para hacer algo por nuestro idioma, nuestro tiempo y nuestro mundo“.

No es de extrañar que los críticos destaquen la originalidad de su obra escrita, fruto de una mente que ha visto tanto la crudeza de la realidad como la belleza de los sueños. En palabras de un comentarista, “Arturo David Vásquez Urdiales ha construido una obra literaria única” entre sus contemporáneos, aprovechando su formación y vivencias para dotar de profundidad a sus escritos.

Desde hace algunos años, ese caudal creativo desemboca en un proyecto entrañable llamado “Letras Hipnóticas” (Letras Hiptnóticas – “Descubre Apunte diario sobre letras hipnóticas, un viaje literario envolvente que despierta el alma. Reflexiones profundas, historias cautivadoras y un estilo único que hipnotiza en cada palabra.”). Se trata de una columna de apuntes diarios –publicada en medios electrónicos y redes– donde Arturo comparte reflexiones, relatos breves, semblanzas históricas y atisbos poéticos cada día. Ahí, bajo el formato de Apunte Diario, ha rendido homenaje a héroes anónimos, ha comentado libros, y ha narrado fábulas con moraleja para deleite de un público creciente. Uno de esos apuntes rescata la historia olvidada de José Mendoza López, un migrante oaxaqueño que se convirtió en héroe de guerra en la Segunda Guerra Mundial; con prosa emotiva, Arturo narró sus hazañas para que su valor no se pierda en el olvido, titulando la crónica “José Mendoza López: Un Héroe Oaxaqueño de Honor y Valentía”. En otras entregas, nos ha hecho sonreír con reseñas de humor clerical, o nos ha presentado a jóvenes escritores latinoamericanos en ciernes, siempre con un tono cercano y entusiasta. Su pluma, incansable, ha tendido puentes entre generaciones y entre culturas. Incluso al despedir a una figura local, puso su corazón en las palabras: cuando falleció la maestra Paulina Solís Ocampo, creadora del baile folklórico “Flor de Piña”, Arturo le dedicó una sentida crónica reconociendo su legado en la identidad oaxaqueña. En ese texto, publicado en julio de 2023, se percibe al notario-escritor conmovido, el cronista que llora la partida de “una mujer excepcional que dejó una huella imborrable en el folclore”. Sus lectores, a través de la pantalla, sintieron también esa pérdida, consolados por la belleza con que él supo narrarla. Y es que la sensibilidad de Vásquez Urdiales para retratar personajes y revivir memorias conecta con la gente: uno lee sus piezas y es transportado tanto a un juzgado austero como a una calle antigua de Oaxaca con el mismo realismo mágico con que García Márquez nos llevaba al Macondo de sus abuelos.

En su más reciente obra, Las leyes del poder para gobernar en un México sin ley, el Dr. Arturo David Vásquez Urdiales nos ofrece una visión descarnada y alegórica de las dinámicas del poder en nuestro país. A través de personajes como Teodomiro Sánchez Cano, Feliciano Carrizosa y Maximino Ávila, el autor construye una narrativa que, aunque ficticia, resuena profundamente con la realidad política mexicana.

Uno de los pasajes más impactantes del libro describe el momento en que Teodomiro, en un acto de traición, asesina al presidente:

“Teodomiro sacó su pistola Luger .45 y disparó cinco veces en la nuca del presidente. El eco de los disparos se perdió entre los árboles, y con ello, se extinguió la vida del hombre que había dado al país su constitución y su legalidad.”

Este fragmento encapsula la brutalidad con la que el poder puede ser ejercido y cómo, en ocasiones, la traición se convierte en el medio para alcanzar el control.

La narrativa de Vásquez Urdiales no se limita a la ficción; es una crítica mordaz a las estructuras de poder que han prevalecido en México. El autor nos invita a reflexionar sobre las reglas no escritas que rigen la política y cómo, muchas veces, la legalidad es solo una fachada para ocultar intereses oscuros.

Las leyes del poder para gobernar en un México sin ley, así como casi toda su obra está disponible en Amazon:

Esta obra es una lectura indispensable para quienes buscan comprender las complejidades del poder en México y reflexionar sobre el papel que cada uno de nosotros juega en la perpetuación o transformación de estas dinámicas.

A estas alturas de la vida el Dr. Urdiales ha cosechado innumerables reconocimientos, aunque rara vez hable de ellos. Desde muy temprano, la academia premió su excelencia: la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca le otorgó un diploma por obtener calificaciones casi perfectas durante la carrera de Derecho hasta haber recibido condecoraciones de talla mundial, entre los que destacan tres doctorados honoris causa y el Premio Mundial al Liderazgo Águila de Oro de Mil Mentes por México Internacional. El gremio jurídico también le ha rendido homenaje: es miembro distinguido de barras y colegios de abogados a nivel nacional, es vicepresidente del Colegio de Notarios de Oaxaca. Su nombre figura con respeto entre los notarios de todo el país, al punto de haber presidido encuentros estatales de notariado donde se discuten reformas y mejores prácticas. En cada ceremonia donde recibe una placa o un pergamino –sea desde sus inicios por la Academia Mexicana de Derecho Internacional Privado en 1989, o de una asociación civil por su labor humanitaria como la misma Coordinación Nacional de Movimientos Feministas– Arturo sonríe humilde y dedica el logro a su tierra, su familia y su equipo de trabajo. Para él, los premios solo tienen valor si reflejan un impacto real en la sociedad. Por eso quizás aprecia más los gestos sencillos: el apretón de manos agradecido de un campesino cuyo título de propiedad fue regularizado gracias a su apoyo, la lágrima de alivio de una madre a quien ayudó a resolver un intrincado trámite legal, o la carta emocionada de un lector joven que decidió estudiar leyes inspirado por sus crónicas. Esos son los verdaderos lauros que guarda en el corazón.

En el atardecer de un día cualquiera, es posible imaginar al Doctor cerrando las puertas de su notaría en Santa Lucía del Camino, Oaxaca. El sol arroja tonos anaranjados sobre el valle mientras él guarda con orden los protocolos del día. Afuera, la vida sigue con su bullicio: el pregón lejano de un vendedor de tamales, la risa de unos niños jugando en la calle. Arturo respira hondo ese aire tibio cargado de historia y se encamina a casa. Sabe que por la noche lo espera, quizá, una página en blanco reclamando las historias que aún no ha contado. Tal vez escriba sobre la jornada vivida, o rememore alguna anécdota de su juventud en la Mixteca, se aviente unas cuantas Letras Hipnóticas o bosqueje un nuevo capítulo de esas fábulas de Urdiales que tantos disfrutan. Tiene 57 años, y lejos de pensar en el retiro, parece reunir en sí la experiencia del viejo sabio y la ilusión intacta del joven escritor. Al encender la lámpara de su escritorio, ilumina no solo el papel, sino las huellas de un camino extraordinario a seguir.

La vida del Dr. Arturo David Vásquez Urdiales es, en sí misma, una crónica llena de matices y enseñanzas. Es la historia de un hombre polifacético que supo ser abogado de los pobres, servidor público intachable, notario íntegro y escritor sensible, todo al mismo tiempo. Un hombre que transita con naturalidad de la solemnidad del acta notarial a la magia de un cuento bien contado. Que defiende con igual pasión la verdad en un contrato y la verdad en la memoria colectiva. Que ha dejado impacto directo en las comunidades de Oaxaca –desde garantizar un techo legal seguro hasta preservar sus tradiciones por escrito– y ha llevado el nombre de Oaxaca a foros nacionales e internacionales tanto jurídicos como culturales. Su pluma y su voz han resonado en congresos, universidades y periódicos, traspasando incluso fronteras cuando exalta los lazos con otros pueblos hermanos en sus escritos como son testamento de ello sus cálidas relaciones con el Club de Inventores de España. Pocos personajes reúnen en una sola vida tal riqueza de aportes y más allá de ellos, la calidad humana para inspirar a partir de los mismos.

En Arturo conviven el rigor y la compasión, la lógica del abogado y la imaginación del narrador. Sus amigos dicen que tiene el corazón de Charles Dickens –capaz de sentir las injusticias ajenas como propias– y la pluma de García Márquez –capaz de convertir lo cotidiano en lo mágico con solo elegir las palabras alquímicas precisas–. Y es cierto: basta ver cómo de un asunto legal rutinario extrae una anécdota aleccionadora, o cómo de un recuerdo de infancia en Oaxaca nace un relato universal. En sus escritos late el realismo social y el realismo mágico, denunciando sutilmente las inequidades, y a la vez brilla una prosa brillante similar a tallas como Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan José Arreola, envolviendo los hechos en un halo poético que nos hace reflexionar sobre el destino y la memoria, con crónicas de vida muy al estilo de José Emilio Pacheco.

Hoy Oaxaca rinde homenaje a uno de sus hijos predilectos. Arturo David Vásquez Urdiales se ha convertido en un personaje querido y respetado, un hombre de leyes con voz de poeta cuyo recorrido inspira a las nuevas generaciones. Su nombre ya es referente de probidad en los círculos jurídicos nacionales, ya por reconocimiento, ya porque les hicieron ver su suerte en los juzgados, y de creatividad en los círculos literarios más prestigiosos o remotos. Pero más allá de los títulos y elogios, perdura la estampa de aquel hombre sencillo que cada mañana abre la puerta de su oficina dispuesto a servir, y cada noche abre su alma para escribir. En un mundo a veces cínico, él sigue creyendo en el poder transformador de la justicia y en la inmortalidad de las palabras.

Al concluir esta crónica, imaginamos a Don Arturo –como algunos lo llaman con afecto– inclinando la cabeza sobre su cuaderno, escribiendo quizás la última línea de la jornada. Afuera, la ciudad de Oaxaca duerme bajo estrellas antiguas. “La vida continúa” –podría estar anotando– “y cada día trae un motivo para luchar y otro para contar”. Esa frase bien podría resumir su legado. Porque si algo nos ha enseñado Urdiales es que la vida se dignifica con el trabajo honrado, luchando por la justicia y se ennoblece narrando Y defendiendo la verdad. Y él, notario y narrador, ha hecho ambas cosas con creces. En el corazón de Oaxaca, “Allá, del otro lado del mundo. Allá en el mundo sutil”, su historia ya es parte del gran libro del pueblo, una historia real maravillosa que, como las mejores crónicas, nos deja una profunda lección de humanidad e invita a generaciones futuras a diseñar, y defender, un mejor mundo.

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