“Es importante aclarar que el valor de π no cambia; permanece como una constante matemática universal. Lo que sí cambia, en contextos de geometría no euclidiana, es la forma en que se calcula el perímetro de un círculo, ya que la fórmula clásica 2πr solo es válida en espacios planos.”
Los grandes descubrimientos científicos no siempre nacen en un laboratorio; en ocasiones, surgen en la serenidad de una mañana, cuando una idea comienza a tomar forma y la curiosidad se convierte en el verdadero motor de la exploración.
Así ocurrió este domingo, en un ambiente de calma y reflexión, al retomar la inquietud iniciada el día anterior con el artículo “La geometría oculta del universo: cómo π conecta los números primos, el infinito y el espacio”, publicado en la Revista Digital de Divulgación Científica y Tecnológica: Tecnopia.org.
Link para leerlo:
https://tecnopia.org/la-geometria-oculta-del-universo-como-%cf%80-conecta-los-numeros-primos-el-infinito-y-el-espacio/
Aquella inquietud intelectual dio origen a una nueva pregunta: ¿es posible visualizar, mediante una simulación computacional, cómo la curvatura del espacio modifica una de las relaciones geométricas más conocidas de las matemáticas?
La respuesta comenzó a construirse línea por línea, mientras el código en RStudio cobraba vida y las primeras representaciones tridimensionales emergían en la pantalla.
Lo que inicialmente fue una exploración de carácter geométrico evolucionó de manera natural hacia un escenario más profundo: la descripción del espacio curvo en las proximidades de un agujero negro.
Así, el recorrido que aquí se presenta se desarrolla en dos etapas complementarias.
La primera emplea un modelo geométrico simplificado para mostrar que, sobre una superficie curva, la relación entre la circunferencia y el diámetro adquiere un significado distinto al que conocemos en la geometría euclidiana, sin que ello implique modificación alguna en el valor de π, el cual permanece constante.
La segunda profundiza en esta idea mediante el diagrama de incrustación de Flamm, inspirado en la métrica de Schwarzschild, solución exacta de las ecuaciones de campo de Albert Einstein, que describe la geometría del espacio-tiempo alrededor de una masa esférica no rotatoria.
En este contexto, la curvatura deja de ser una representación meramente didáctica para convertirse en una aproximación a la estructura geométrica que la relatividad general atribuye al universo.
Las gráficas que acompañan este trabajo no constituyen únicamente ilustraciones computacionales; representan una invitación a contemplar cómo las matemáticas, la física y la visualización científica convergen para revelar aspectos del universo que escapan a nuestra intuición cotidiana.
Cada figura, cada simulación y cada medición muestran con claridad que las constantes matemáticas permanecen inalterables, mientras que es la geometría del espacio la que transforma nuestra manera de interpretar distancias, trayectorias y formas.
El recorrido que el lector está a punto de iniciar es amplio, pero también profundamente enriquecedor.
Más que ofrecer respuestas definitivas, estas páginas buscan despertar nuevas preguntas y evidenciar que la ciencia avanza cuando somos capaces de observar un mismo fenómeno desde perspectivas distintas.
Si al concluir esta lectura surge una nueva inquietud, una forma diferente de comprender la geometría del universo o el deseo de seguir explorando aquello que parece oculto tras las ecuaciones, entonces el propósito de este trabajo habrá sido plenamente alcanzado.
Agradezco sinceramente el tiempo que ha decidido dedicar a estas páginas, así como su disposición para acompañarme en este recorrido intelectual que se aventura más allá de las fronteras de la geometría clásica, hacia un territorio donde las matemáticas, la relatividad y la computación científica dialogan para revelar la extraordinaria arquitectura del cosmos.
Muchas gracias por acompañarme en este recorrido.
Le doy la más cordial bienvenida a esta exploración que nos llevará, paso a paso, más allá de las fronteras de la ciencia.

Del paraboloide al universo de Einstein
Desde la educación básica aprendemos que el número π (pi) es una constante universal, cuyo valor aproximado es 3.14159265…, resultado de dividir la longitud de cualquier circunferencia entre su diámetro.
Esta relación parece tan natural que rara vez nos detenemos a cuestionarla. Sin embargo, dicha afirmación es estrictamente válida únicamente en un espacio plano, es decir, dentro del marco de la geometría euclidiana que utilizamos para describir la mayoría de las situaciones cotidianas.
La simulación presentada, desarrollada en RStudio mediante el lenguaje R y la biblioteca Plotly, propone una experiencia visual que invita a ir más allá de esa intuición, para adentrarse en un escenario donde el espacio deja de ser plano y adquiere curvatura.
Aunque el modelo empleado no representa un agujero negro real, sí constituye una aproximación pedagógica valiosa que permite comprender una de las ideas más profundas de la física moderna: no son las constantes matemáticas las que cambian, sino la geometría del espacio en la que dichas relaciones se manifiestan.
En este contexto, la relación entre la circunferencia y el diámetro puede diferir de la esperada en geometría euclidiana, sin que ello implique modificación alguna en el valor de π, que permanece inalterable.

Las imágenes obtenidas trascienden el carácter de una simple representación gráfica; se convierten en una invitación a reflexionar sobre la profunda conexión entre las matemáticas, la naturaleza y la manera en que percibimos el universo
El espacio deja de ser un escenario pasivo
En nuestra experiencia cotidiana tendemos a imaginar el espacio como una superficie completamente plana, semejante a una hoja de papel. Sobre ella, trazar una circunferencia resulta sencillo: basta con fijar un punto central y mantener constante la distancia hasta el borde. En estas condiciones, la relación entre la longitud de la circunferencia y su diámetro conduce siempre al valor de π.
Sin embargo, la simulación modifica deliberadamente esta condición fundamental.
La superficie tridimensional representada por el modelo corresponde a un paraboloide, cuya altura aumenta progresivamente a medida que nos alejamos del centro. Visualmente, esta geometría adquiere la forma de un cuenco o un embudo suave.
Aunque este modelo no reproduce con exactitud la geometría descrita por la relatividad general, resulta especialmente útil como herramienta pedagógica para ilustrar cómo la curvatura del espacio afecta las mediciones geométricas.
En las imágenes se observa que la circunferencia, representada en color rojo, se encuentra trazada sobre una superficie que ya no es plana.
De manera análoga, el diámetro, representado en azul, deja de corresponder a una línea recta en el sentido euclidiano y pasa a seguir una trayectoria adaptada a la curvatura de la superficie.

Lo verdaderamente relevante no es únicamente la forma que adoptan ambas curvas, sino el hecho de que ahora se encuentran inmersas en un espacio cuya geometría ha cambiado.
Como consecuencia, las relaciones métricas entre ellas pueden diferir de las que estamos acostumbrados a observar en un plano, sin que ello implique modificación alguna en el valor de π, que permanece constante.
Cuando medir deja de ser evidente
Una de las enseñanzas más profundas que emerge de esta simulación es que medir no siempre significa lo mismo, especialmente cuando cambia la geometría del espacio en el que se realiza la medición.
En un plano, la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. Sin embargo, sobre una superficie curva, el camino de menor longitud no es una recta en el sentido tradicional, sino una trayectoria que se adapta a la propia geometría del espacio. En matemáticas, este tipo de recorrido se conoce como geodésica.
El código implementado calcula precisamente estas distancias mediante la suma de miles de pequeños segmentos que siguen la superficie curva. Cada uno de estos elementos contribuye a construir una medida total que refleja con mayor fidelidad la estructura geométrica del espacio, en lugar de aproximarla mediante una línea recta euclidiana.
Como resultado, la simulación arroja el siguiente valor: π_geométrico ≈ 3.028922
Este valor, ligeramente inferior al número π tradicional, no debe interpretarse como una modificación de la constante matemática, sino como una manifestación directa de la curvatura del espacio en el que se realizan las mediciones.
Lejos de representar un error numérico, esta diferencia constituye precisamente el fenómeno que se desea ilustrar: cuando la geometría cambia, también lo hacen las relaciones métricas entre las magnitudes, aun cuando las constantes fundamentales, como π, permanecen inalterables.

Lo que revelan las imágenes
Las tres imágenes permiten apreciar distintos ángulos de una misma realidad geométrica.
En todas ellas se distingue una superficie cuya elevación aumenta progresivamente desde el centro hacia los extremos.
La iluminación y el sombreado generan una percepción clara de profundidad, lo que permite comprender que la circunferencia ya no se encuentra sobre un plano, sino sobre un espacio curvo.
La circunferencia, representada en color rojo, conserva una apariencia casi perfecta cuando se observa desde una vista superior.
Sin embargo, al rotar la escena, se hace evidente que sus puntos se encuentran a diferentes alturas. La figura sigue siendo una circunferencia, pero ahora pertenece a una geometría distinta.
Por su parte, el diámetro, representado en azul, revela un aspecto particularmente significativo.
En un plano sería completamente recto; aquí, en cambio, sigue la curvatura de la superficie. Esto pone de manifiesto que incluso el concepto de “línea recta” depende de la geometría del espacio en el que se define.
De este modo, la simulación transforma una idea abstracta en una experiencia visual accesible, incluso para quienes no cuentan con formación matemática especializada.
El papel del código
Aunque el programa está compuesto por pocas líneas, encierra una idea de notable profundidad.
En primer lugar, se construye una superficie curva mediante una ecuación sencilla.
Posteriormente, se traza una circunferencia sobre dicha superficie y se calcula su longitud a partir de la suma de pequeños segmentos consecutivos que siguen su recorrido.
Un procedimiento análogo se emplea para estimar el diámetro, cuya longitud también queda determinada por la geometría de la superficie.
Finalmente, el programa calcula el cociente entre ambas magnitudes, al que se denomina π geométrico.
No obstante, más allá de los cálculos, el verdadero valor del código reside en su capacidad para convertir conceptos matemáticos complejos en una representación intuitiva e interactiva. El usuario puede rotar la figura, acercarla o alejarla, y observar directamente cómo la curvatura modifica las relaciones espaciales.
Una ventana hacia la relatividad general
Aunque la superficie utilizada corresponde a un paraboloide y no a la solución exacta de Einstein para un agujero negro, la simulación permite comprender una idea fundamental de la relatividad general.
Albert Einstein propuso que la gravedad no es una fuerza en el sentido clásico, sino una manifestación de la curvatura del espacio-tiempo generada por la presencia de masa y energía.
En regiones donde la gravedad es extremadamente intensa, como en las proximidades de un agujero negro, el espacio deja de comportarse como un entorno plano. Las distancias, los ángulos y las trayectorias se ven modificados por la geometría misma del universo.
En este contexto, relaciones geométricas que en apariencia son inmutables adquieren nuevos significados.
La simulación ofrece una aproximación visual a este fenómeno, mostrando cómo la curvatura del espacio altera la relación entre la circunferencia y el diámetro, sin que ello implique cambio alguno en el valor de π.
La importancia de visualizar las matemáticas
Durante siglos, muchas ideas matemáticas permanecieron confinadas a símbolos escritos en manuscritos o pizarras.
En la actualidad, gracias a herramientas computacionales como RStudio y Plotly, es posible observar estos conceptos en movimiento y explorarlos de manera interactiva.
La visualización científica no sustituye al razonamiento matemático; lo complementa.
Permite identificar patrones, formular nuevas preguntas y desarrollar una comprensión intuitiva que posteriormente puede formalizarse mediante demostraciones rigurosas.
En este sentido, la simulación constituye un claro ejemplo del potencial de las tecnologías actuales para acercar la ciencia a públicos no especializados.
Reflexión final
Quizá el mayor mérito de esta simulación no sea presentar un “nuevo valor” de π, sino recordarnos que incluso las relaciones matemáticas más familiares dependen del contexto geométrico en el que se analizan.
La geometría euclidiana, que durante más de dos mil años fue considerada la descripción natural del espacio, representa en realidad un caso particular dentro de un universo geométrico mucho más amplio.
Cuando el espacio se curva, también lo hacen nuestras intuiciones.
Las imágenes generadas en RStudio nos invitan a contemplar esta transformación desde una nueva perspectiva.
La circunferencia y el diámetro dejan de ser simples construcciones abstractas para convertirse en manifestaciones visibles de una realidad más profunda: el espacio posee estructura, la geometría evoluciona y nuestras mediciones reflejan esa evolución.
Más allá del ejercicio computacional, esta experiencia puede entenderse como una metáfora del propio conocimiento científico.
Cada nueva herramienta, cada visualización y cada interpretación amplían los límites de aquello que creemos comprender.
En este proceso, el número π deja de ser únicamente una constante matemática para revelarse como una puerta hacia una comprensión más amplia del universo, donde la geometría no solo describe la realidad, sino que también nos permite vislumbrar la extraordinaria arquitectura del cosmos.
La Geometría como puente hacia la relatividad
El recorrido iniciado en el artículo anterior demuestra que la curvatura del espacio es suficiente para transformar relaciones geométricas que, en apariencia, consideramos invariables.
A partir de un paraboloide como modelo pedagógico, fue posible comprender que la razón entre la longitud de una circunferencia y su diámetro depende de la geometría sobre la que se realizan las mediciones, sin que ello implique modificación alguna de la constante matemática π.

Esta primera aproximación visual constituye el punto de partida para dar un paso más hacia la descripción del universo propuesta por la relatividad general.
En ese contexto, el siguiente artículo traslada la discusión desde una representación didáctica de la curvatura hasta el espacio de Schwarzschild, mediante el diagrama de incrustación de Flamm, ofreciendo una aproximación más cercana a la geometría asociada a un campo gravitacional intenso.
De esta manera, ambas contribuciones conforman una secuencia coherente:
La primera introduce la idea de que la geometría condiciona nuestras mediciones, mientras que la segunda profundiza en ese principio al mostrar cómo la gravedad, entendida como manifestación de la curvatura del espacio-tiempo, redefine nuestra comprensión de las distancias, las circunferencias y, en última instancia, de la arquitectura geométrica del universo.
Un puente hacia el espacio de Schwarzschild
Desde hace siglos, el número π ha simbolizado una de las constantes más universales del conocimiento humano.
Está presente en la arquitectura, la ingeniería, la astronomía y prácticamente en cualquier disciplina donde aparezcan círculos. Aprendemos desde la escuela que π es el resultado de dividir la longitud de una circunferencia entre su diámetro y que su valor es siempre el mismo, aproximadamente 3.14159.
Sin embargo, esta afirmación encierra una condición que rara vez se menciona: es válida cuando el espacio es plano.
La simulación desarrollada en RStudio, utilizando el lenguaje R y la biblioteca Plotly, invita al lector a explorar una idea tan sorprendente como fascinante: ¿qué sucede con esa relación cuando el espacio deja de ser plano y comienza a curvarse debido a la gravedad?
Aunque el modelo mostrado constituye una representación geométrica simplificada (el denominado diagrama de incrustación de Flamm, inspirado en la métrica de Schwarzschild de la relatividad general), permite acercar al público no especializado a uno de los conceptos más profundos de la ciencia contemporánea: la gravedad modifica la geometría del espacio.
Las imágenes obtenidas mediante la simulación no solo ilustran una superficie tridimensional de gran belleza visual, sino que también representan una nueva forma de comprender el universo, donde las distancias dejan de ser absolutas y la geometría se convierte en protagonista.
Un embudo que representa la gravedad
A primera vista, las imágenes muestran una gran superficie con forma de embudo.
En el centro aparece una abertura blanca rodeada por diversas circunferencias de colores.
Esta representación no debe interpretarse como un agujero físico, sino como una forma de visualizar cómo la presencia de una gran masa deforma el espacio que la rodea.

En la teoría de la relatividad general, propuesta por Albert Einstein en 1915, la gravedad no actúa como una fuerza invisible que atrae los cuerpos, sino como una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo.
En otras palabras, los objetos no son “jalados” por la gravedad; simplemente siguen el camino natural que les impone la geometría del universo.
El diagrama de incrustación de Flamm traduce esa idea abstracta en una imagen comprensible.
El embudo simboliza la deformación del espacio alrededor de un cuerpo extremadamente masivo, como un agujero negro.
Las circunferencias cuentan una historia
Uno de los elementos más llamativos de las imágenes es la serie de circunferencias coloreadas que rodean el centro del embudo.
Cada una representa una distancia diferente respecto al agujero negro. A medida que aumenta el radio, las circunferencias ascienden por la superficie y el embudo se vuelve menos pronunciado.
Esto sugiere una idea importante: la influencia gravitacional disminuye conforme nos alejamos del centro.
La línea negra representa el radio utilizado para efectuar las mediciones. En apariencia parece una línea sencilla, pero en realidad sigue el relieve de la superficie. Ya no atraviesa un plano, sino un espacio deformado.
Esta diferencia resulta fundamental para comprender el propósito de la simulación.

¿Por qué cambia π?
En la geometría que aprendemos en la escuela, una circunferencia siempre cumple la conocida relación:
π = circunferencia / diámetro
Sin embargo, cuando el espacio está curvado, la situación cambia.
En la simulación, la circunferencia continúa calculándose de manera habitual alrededor del eje central.
Lo que realmente cambia es la longitud del radio, ya que este debe recorrer la superficie curva del embudo.
Es semejante a caminar sobre una montaña.
Si se observa un mapa desde arriba, dos puntos parecen estar separados por cierta distancia.
Pero al caminar entre ellos es necesario subir y bajar pendientes, de modo que el recorrido real resulta más largo.
Exactamente eso ocurre en la simulación.
La distancia radial deja de ser una línea recta y comienza a seguir la curvatura del espacio.
Como consecuencia, el cociente entre la longitud de la circunferencia y el diámetro ya no coincide exactamente con el valor clásico de π.
El programa obtiene un valor aproximado de: π efectivo ≈ 2.659966
Este resultado no significa que el número π haya cambiado como constante matemática.
Lo que cambia es la relación entre las longitudes medidas sobre una geometría diferente. La simulación ilustra precisamente ese fenómeno.

El papel del código
Aunque para muchos lectores el código informático pueda parecer un conjunto de instrucciones técnicas, en realidad constituye la receta que hace posible transformar una teoría física en una experiencia visual.
Primero se construye la superficie tridimensional que representa la deformación del espacio alrededor del agujero negro. Posteriormente se dibujan varias circunferencias situadas a diferentes distancias del centro.
Después, el programa calcula la longitud del recorrido radial siguiendo la superficie curva mediante integración numérica. Este procedimiento permite medir el camino real que recorrería un observador sobre ese espacio deformado.

Finalmente, el programa compara esa distancia con la longitud de la circunferencia correspondiente y obtiene un valor denominado π efectivo, que aparece mostrado en el título de la figura.
En otras palabras, el código convierte una ecuación de la relatividad general en una representación gráfica interactiva que cualquier persona puede explorar girando libremente el modelo tridimensional.
Lo que enseñan las imágenes
Las dos perspectivas mostradas permiten apreciar distintos aspectos de la geometría.
En la primera imagen, el observador contempla el embudo desde un ángulo lateral. Esta vista enfatiza la profundidad de la deformación y permite apreciar cómo las circunferencias ascienden gradualmente conforme aumenta el radio.

En la segunda imagen, la vista superior facilita comprender la distribución concéntrica de las órbitas alrededor del centro gravitacional. Desde esta perspectiva, la geometría adquiere una apariencia casi hipnótica, recordando las ondas que se forman cuando una piedra cae sobre la superficie del agua.

En ambas representaciones destaca un aspecto esencial: el espacio deja de ser un escenario vacío para convertirse en un elemento dinámico que modifica la forma en que medimos las distancias.
Una nueva manera de comprender el universo
Durante siglos, la geometría se entendió como el estudio de figuras ideales dibujadas sobre superficies perfectamente planas. Sin embargo, el desarrollo de la física moderna mostró que el universo real posee una estructura mucho más rica.
La simulación permite experimentar visualmente esa transición.
No es necesario conocer ecuaciones complejas para apreciar que el espacio puede deformarse y que esa deformación altera nuestras mediciones. De esta manera, conceptos tradicionalmente reservados para especialistas se transforman en experiencias accesibles gracias a la visualización computacional.
RStudio y Plotly actúan aquí como puentes entre la teoría y la intuición. Allí donde antes existían únicamente fórmulas, ahora aparecen imágenes dinámicas que facilitan comprender fenómenos difíciles de imaginar.
Reflexión final
Quizá la enseñanza más valiosa de esta simulación sea recordar que el conocimiento científico evoluciona precisamente cuando nos atrevemos a cuestionar aquello que parecía evidente.
El número π continúa siendo una constante matemática universal dentro de la geometría euclidiana.
Sin embargo, “al observar el espacio desde la perspectiva de la relatividad general comprendemos que las mediciones dependen de la geometría donde se realizan. No cambia la constante; cambia el escenario físico en el que se miden las longitudes”.
Las imágenes obtenidas mediante RStudio ilustran esa idea con extraordinaria claridad.
El embudo gravitacional, las circunferencias concéntricas y el radio que sigue la curvatura del espacio constituyen una metáfora visual de un universo donde la geometría y la gravedad son inseparables.

Más allá de su valor didáctico, esta simulación pone de manifiesto el enorme potencial de la computación científica para acercar conceptos complejos a cualquier persona.
Cuando las matemáticas se convierten en imágenes y las ecuaciones en paisajes interactivos, el conocimiento deja de ser exclusivo de especialistas y se transforma en una experiencia compartida.
En ese encuentro entre ciencia, tecnología e imaginación, descubrimos que comprender el universo no siempre comienza con una fórmula, sino con la capacidad de observar el espacio desde una perspectiva diferente.
“Comprender el universo comienza cuando dejamos de mirar las figuras y empezamos a comprender la geometría del espacio que las hace posibles.”
















