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martes, septiembre 15, 2026
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EDUCACIÓN EN MÉXICO, 1970–2026: El artículo tercero constitucional, los modelos educativos y la evolución de la evaluación nacional e internacional.

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“La educación no transforma el mundo: transforma a las personas que van a transformar el mundo.”

Paulo Freire

PREÁMBULO

La educación en México: una mirada desde la vocación docente, la Constitución y la evaluación educativa

Soy profesor por vocación y por carrera. Mi formación profesional como Licenciado en Educación Media y Superior, con especialidad en Ciencias Sociales, así como mi preparación como pedagogo con especialidad en Investigación Educativa, me han permitido comprender la educación desde distintas perspectivas: como derecho constitucional, como responsabilidad social, como proceso de formación humana y como una de las herramientas más importantes para transformar la vida de las personas.

Durante más de treinta años frente a grupo, he sido testigo de numerosas reformas educativas, modificaciones constitucionales, modelos pedagógicos, programas institucionales y procesos de evaluación.

He participado en incontables talleres de actualización, cursos y jornadas de formación relacionados con la planeación educativa, el diseño de estrategias didácticas, la evaluación de los aprendizajes y la organización del trabajo docente.

No fueron uno ni dos talleres; fueron muchos, en diferentes momentos y bajo distintos enfoques educativos.

En ocasiones, la carga de trabajo, la elaboración de planeaciones y las exigencias administrativas podían resultar abrumadoras.

Sin embargo, ese cansancio nunca fue suficiente para detener el compromiso esencial de la docencia.

En lo personal, la planeación de cada clase siempre tuvo un propósito superior: procurar que los estudiantes que estuvieran bajo mi responsabilidad tuvieran una vida mejor que la que me correspondió vivir y que cada sesión de aprendizaje se aproximara a aquella clase que, como estudiante, me hubiera gustado recibir.

Detrás de cada formato, cada programa, cada reforma y cada evaluación, siempre estuvieron presentes los verdaderos protagonistas de la educación: los estudiantes.

Ellos no son cifras, expedientes, resultados estadísticos ni objetos de experimentación pedagógica.

Son personas con sueños, ilusiones, capacidades, inquietudes y un propósito de vida.

Cada uno llega al aula con una historia particular y con la esperanza de encontrar en la educación una oportunidad para construir un futuro digno.

Por esa razón, la educación no puede reducirse exclusivamente a la aprobación de una asignatura, a la obtención de una calificación o al cumplimiento de una planeación.

Una asignatura debe abrir posibilidades, no truncar sueños.

La escuela debe ofrecer herramientas para comprender el mundo, enfrentar los cambios acelerados del siglo XXI, desarrollar pensamiento crítico, resolver problemas, convivir con los demás y participar responsablemente en la sociedad.

La realidad contemporánea exige una formación cada vez más amplia.

El avance de la ciencia, la tecnología, la comunicación digital y la inteligencia artificial ha transformado las formas de aprender, trabajar y relacionarse.

En este contexto, estar preparado resulta fundamental para acceder a mejores oportunidades laborales y personales.

No siempre es posible encontrar el empleo que se sueña; por ello, la educación debe contribuir a desarrollar conocimientos, habilidades, actitudes y valores que permitan a los estudiantes adaptarse, perseverar y construir nuevas alternativas.

La vida también educa. Cada experiencia, cada dificultad y cada logro contribuyen a formar una filosofía personal.

El camino del éxito no es como suele presentarse en las series de televisión o en las películas: no aparece de manera inmediata ni se construye sin esfuerzo.

En la vida real, las metas requieren disciplina, constancia, sacrificio, preparación y trabajo cotidiano.

El esfuerzo verdadero quizá no siempre sea visible en el momento, pero con el tiempo puede manifestarse en los resultados alcanzados y en la realización de los propósitos que cada persona se ha planteado.

El sábado 18 de septiembre, con motivo de una mesa redonda en la que participaré junto con otros colegas especialistas para dialogar sobre los indicadores de PISA, considero necesario hacer una pausa en mi investigación sobre las ecuaciones de Navier–Stokes.

Esta pausa no representa un abandono de la investigación matemática, sino una oportunidad para volver la mirada hacia otro de los grandes problemas de nuestro tiempo: la educación y su capacidad para transformar la vida humana.

Por ello, presento esta línea del tiempo de la educación en México, correspondiente al periodo de 1970 a 2026.

En ella se entrelazan tres elementos fundamentales: la evolución del artículo tercero constitucional, los modelos educativos que han orientado la enseñanza nacional y los procesos de evaluación, tanto nacionales como internacionales.

El propósito no es señalar errores ni establecer juicios simplistas sobre las distintas etapas.

Cada reforma, cada modelo y cada instrumento de evaluación surgió en un contexto histórico determinado y respondió a necesidades específicas del país. Esta revisión busca reconocer los logros, identificar los avances y comprender los retos que aún permanecen.

Desde la expansión de la cobertura educativa en las décadas de 1970 y 1980, pasando por la modernización educativa, la descentralización, la incorporación de la educación secundaria, preescolar y media superior como parte de la obligatoriedad constitucional, hasta la creación del INEE, la aplicación de ENLACE, la participación de México en PISA, la evaluación de los aprendizajes y la llegada de la Nueva Escuela Mexicana, la educación nacional ha recorrido un camino amplio y complejo.

En este proceso, México ha reducido significativamente el analfabetismo, aumentado la escolaridad promedio, ampliado el acceso a los distintos niveles educativos, fortalecido la educación técnica y superior, incorporado nuevas tecnologías y desarrollado una cultura más amplia de evaluación.

También ha reconocido, cada vez con mayor claridad, la importancia de la inclusión, la equidad, la interculturalidad, el pensamiento crítico, la formación integral y la participación de la comunidad.

No obstante, los avances también nos colocan frente a nuevos retos.

La educación del presente debe garantizar que los estudiantes no solamente ingresen a la escuela, sino que aprendan, permanezcan, concluyan sus estudios y encuentren en la formación una herramienta para construir una vida digna.

Las evaluaciones nacionales e internacionales pueden ayudar a conocer esos avances y desafíos, siempre que sus resultados se interpreten con responsabilidad, sensibilidad social y sentido pedagógico.

La premisa que orienta esta reflexión es sencilla, pero profunda: Los estudiantes no son conejillos de indias; son seres humanos con sueños, ilusiones y aspiraciones.

Por ello, cada reforma educativa, cada modelo pedagógico y cada evaluación debe tener como finalidad última mejorar sus oportunidades de aprendizaje y de vida.

La educación debe formar personas capaces de comprender su realidad, transformarla y construir un futuro con mayores posibilidades.

Espero que este recorrido por la historia educativa de México sea de interés para quienes han dedicado su vida a la enseñanza, para quienes investigan la educación y, especialmente, para las nuevas generaciones de docentes que tienen frente a sí la responsabilidad de formar a los ciudadanos del futuro.

Como siempre, agradezco profundamente el tiempo que se toma para leerme.

Muchas gracias y reciban un saludo cordial.

De la expansión de la escolaridad a la formación integral en la Nueva Escuela Mexicana

Introducción

La historia educativa de México entre 1970 y 2026 puede comprenderse como un proceso continuo de construcción, ampliación y transformación del derecho a la educación.

Durante este periodo, el país transitó de una política centrada principalmente en extender la cobertura escolar hacia una visión más amplia, orientada a la calidad, la equidad, la inclusión, la formación docente, el aprendizaje permanente, la participación comunitaria y el desarrollo integral de las personas.

En este largo recorrido, el artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ha representado el fundamento jurídico y filosófico de la educación nacional.

Sus sucesivas reformas han acompañado los cambios sociales, económicos, culturales y tecnológicos del país, al mismo tiempo que han expresado nuevas aspiraciones colectivas: una educación más amplia, democrática, científica, humanista, inclusiva y vinculada con las necesidades de la sociedad.

Paralelamente, los modelos educativos han modificado sus prioridades.

La expansión de la educación primaria y secundaria dio paso a la modernización administrativa y curricular; posteriormente se incorporaron los conceptos de competencias, aprendizajes esperados, evaluación, tecnología educativa y profesionalización docente.

En años recientes, la Nueva Escuela Mexicana ha colocado en el centro la dignidad humana, la comunidad, la interculturalidad, la inclusión, el pensamiento crítico y la formación integral.

La evaluación también evolucionó. Inicialmente se apoyó en indicadores de matrícula, cobertura, alfabetización y escolaridad.

Más adelante incorporó pruebas nacionales como ENLACE y PLANEA, así como evaluaciones internacionales como PISA.

De esta manera, México comenzó a observar no solamente cuántos estudiantes ingresaban a la escuela, sino también qué aprendían, qué habilidades desarrollaban y cómo se relacionaban sus resultados con las condiciones sociales y educativas.

El presente artículo, entrelaza estos tres elementos (Constitución, modelos educativos y evaluación), para ofrecer una lectura histórica de los avances, logros y retos de la educación mexicana desde 1970 hasta 2026.

I. El artículo tercero constitucional como fundamento de la educación mexicana

El artículo tercero constitucional constituye uno de los pilares del proyecto nacional mexicano.

Desde su origen, estableció la responsabilidad del Estado en materia educativa y vinculó la enseñanza con la formación de ciudadanía, la libertad, la laicidad, la gratuidad y el desarrollo social.

Durante el periodo 1970–2026, el artículo tercero fue ampliando progresivamente el alcance del derecho a la educación.

La educación primaria, que ya ocupaba un lugar central en el sistema nacional, fue acompañada por la incorporación constitucional de la educación secundaria, preescolar y media superior como componentes de la educación obligatoria.

Esta ampliación expresa una transformación histórica: el derecho educativo dejó de limitarse a la posibilidad de cursar los primeros años de escolaridad y se extendió hacia trayectorias educativas más prolongadas.

La evolución puede sintetizarse de la siguiente manera:

Primaria → secundaria → preescolar → media superior → ampliación de la atención a todos los tipos y modalidades educativas.

El artículo tercero no solamente ha definido la obligación del Estado de impartir educación.

También ha establecido principios relacionados con:

  • La gratuidad.
  • La laicidad.
  • La obligatoriedad.
  • La universalidad.
  • La igualdad de oportunidades.
  • La calidad y la excelencia.
  • La equidad.
  • La inclusión.
  • La interculturalidad.
  • El respeto a los derechos humanos.
  • La dignidad de las personas.
  • El interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
  • La formación integral.
  • La responsabilidad social de la educación.

En la actualidad, la Secretaría de Educación Pública reconoce que el artículo tercero sustenta el derecho a una educación pública, gratuita, laica, inclusiva, intercultural y orientada al desarrollo humano integral.

Por ello, la historia de las reformas educativas no puede separarse de la historia constitucional.

Cada modelo educativo ha representado, en mayor o menor medida, una forma concreta de interpretar y llevar a la práctica los principios establecidos en el artículo tercero.

II. 1970–1976: expansión educativa, modernización y compromiso social

Durante el periodo de 1970 a 1976, la política educativa mexicana se orientó hacia la expansión de los servicios escolares y la modernización de los contenidos educativos.

El crecimiento demográfico y las demandas sociales exigían una mayor presencia del Estado en las comunidades urbanas, rurales y marginadas.

La educación fue considerada un instrumento fundamental para promover el desarrollo nacional, ampliar las oportunidades sociales y fortalecer la participación ciudadana.

Entre las principales líneas de acción se encontraron:

  • Ampliación de la educación primaria.
  • Expansión de la educación secundaria.
  • Fortalecimiento de la educación técnica.
  • Actualización de planes y programas.
  • Renovación de materiales educativos.
  • Mayor atención a las ciencias y las matemáticas.
  • Promoción de métodos de aprendizaje activo.
  • Desarrollo de instituciones educativas.
  • Impulso a la educación para sectores populares.
  • Vinculación entre educación y desarrollo económico.

En esta etapa, la evaluación educativa se concentraba principalmente en indicadores de expansión:

  • Número de escuelas.
  • Matrícula.
  • Personal docente.
  • Cobertura.
  • Alfabetización.
  • Eficiencia terminal.
  • Acceso a la educación primaria y secundaria.

El principal logro fue ampliar la presencia de la escuela en el territorio nacional.

México avanzó en la construcción de un sistema educativo de mayor alcance, con más instituciones, más docentes y mayores oportunidades para sectores que históricamente habían permanecido alejados de la educación formal.

El reto consistía en que la expansión cuantitativa se acompañara de condiciones suficientes de infraestructura, materiales, formación docente y atención a las diferencias entre regiones.

III. 1976–1982: continuidad de la expansión y diversificación educativa

Entre 1976 y 1982 continuó el crecimiento de la matrícula y se fortalecieron diversas modalidades educativas.

La política educativa amplió su atención hacia:

  • La educación primaria.
  • La educación secundaria.
  • La educación media superior.
  • La educación superior.
  • La educación de adultos.
  • La formación técnica.
  • La atención al rezago educativo.
  • La incorporación de recursos tecnológicos.

La educación comenzó a ser comprendida como un proceso que debía acompañar a las personas a lo largo de distintas etapas de la vida.

La alfabetización y la educación básica continuaron siendo prioridades, pero también adquirieron importancia la formación técnica y la preparación para el trabajo.

Durante este periodo, la evaluación siguió apoyándose en indicadores de cobertura y escolarización, aunque comenzó a crecer el interés por conocer la calidad de los servicios educativos y los resultados del aprendizaje.

El logro central fue la consolidación de una visión más amplia del sistema educativo.

La escuela dejó de ser considerada únicamente como un espacio de alfabetización inicial y comenzó a entenderse como parte de una trayectoria formativa que incluía la educación media superior, la educación superior y la capacitación para la vida productiva.

El reto histórico fue mantener el crecimiento y, al mismo tiempo, fortalecer la calidad de los servicios en un contexto económico complejo.

IV. 1982–1988: planeación, racionalización y fortalecimiento institucional

Durante el periodo de 1982 a 1988, la educación mexicana enfrentó el desafío de mantener sus servicios en un contexto de restricciones económicas.

La política educativa concedió mayor importancia a:

  • La planeación.
  • La organización administrativa.
  • La eficiencia del gasto.
  • La atención al rezago.
  • La educación tecnológica.
  • La racionalización de recursos.
  • La búsqueda de mecanismos de descentralización.
  • La continuidad de la educación básica.

La evaluación se relacionó principalmente con la planeación del sistema.

Se buscaba conocer dónde se encontraban las necesidades más importantes y cómo distribuir los recursos de manera más eficiente.

Los indicadores educativos permitieron identificar:

  • Cobertura por nivel.
  • Matrícula.
  • Eficiencia terminal.
  • Necesidades de infraestructura.
  • Disponibilidad de docentes.
  • Diferencias entre regiones.
  • Población fuera de la escuela.

Esta etapa aportó una mayor conciencia de que la educación requería políticas de largo plazo, sistemas de información y mecanismos de planeación capaces de responder a la diversidad nacional.

El logro fue fortalecer la idea de que el sistema educativo debía organizarse con criterios de eficiencia, continuidad y responsabilidad pública.

El reto consistió en garantizar que la planeación no se limitara a administrar recursos, sino que también se tradujera en mejores experiencias de aprendizaje.

V. 1988–1994: modernización educativa y Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica

Entre 1988 y 1994 se desarrolló una de las transformaciones más importantes de la educación mexicana contemporánea: la Modernización Educativa.

El Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica de 1992 impulsó tres grandes líneas:

  1. La reorganización del sistema educativo.
  2. La reformulación de contenidos y materiales.
  3. La revaloración de la función docente.

La descentralización educativa fortaleció la participación de las entidades federativas en la operación de los servicios.

Al mismo tiempo, se renovaron planes, programas y libros de texto, y se promovieron mecanismos de actualización y estímulo profesional para los maestros.

La evaluación adquirió un papel más importante.

El sistema comenzó a interesarse de manera creciente por:

  • La calidad de la educación.
  • Los aprendizajes.
  • La eficiencia terminal.
  • La equidad.
  • La organización escolar.
  • La actualización docente.
  • Las diferencias regionales.

La educación comenzó a ser observada desde una perspectiva más amplia: no bastaba con que existieran escuelas; era necesario que funcionaran adecuadamente y ofrecieran oportunidades de aprendizaje.

Entre los principales logros de esta etapa se encuentran:

  • La reorganización administrativa del sistema.
  • La actualización curricular.
  • La renovación de materiales educativos.
  • El fortalecimiento de la educación básica.
  • La incorporación de los estados en la gestión educativa.
  • La revaloración de los docentes.
  • El impulso de una cultura de calidad.

El reto fue articular la descentralización con la equidad nacional, de modo que la ubicación geográfica no determinara la calidad de la educación recibida.

VI. 1993–2000: ampliación del derecho educativo y consolidación de la calidad

La reforma constitucional de 1993 representó un avance decisivo al establecer la obligatoriedad de la educación secundaria.

Con ello, el artículo tercero amplió el horizonte del derecho educativo y reconoció que la formación básica debía prolongarse más allá de la primaria.

La secundaria adquirió así una función estratégica para:

  • Fortalecer los conocimientos fundamentales.
  • Preparar la continuidad hacia la educación media superior.
  • Desarrollar habilidades científicas y matemáticas.
  • Favorecer la formación ciudadana.
  • Ampliar las oportunidades de desarrollo personal y social.

Durante esta etapa se fortalecieron también:

  • La educación indígena.
  • La educación para adultos.
  • La formación docente.
  • La educación tecnológica.
  • La atención a la diversidad.
  • La educación secundaria.
  • Los programas de calidad y equidad.

El concepto de calidad comenzó a ocupar un lugar central en la política educativa.

La evaluación dejó de ser exclusivamente administrativa y avanzó hacia el análisis del logro académico.

La pregunta educativa empezó a cambiar: “¿Cuántos estudiantes ingresan a la escuela?” hacia: “¿Qué aprendizajes están alcanzando los estudiantes?”

Este cambio preparó el terreno para la creación del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación y para la participación más sistemática de México en evaluaciones internacionales.

VII. 2000–2006: calidad, evaluación, tecnología y participación internacional

Durante el periodo de 2000 a 2006, la educación mexicana incorporó con mayor fuerza los conceptos de calidad, evaluación, tecnología y competencias.

En 2002 se creó el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, INEE, institución que contribuyó a consolidar una cultura de evaluación educativa basada en información técnica, indicadores y análisis de resultados.

El INEE impulsó la producción de información sobre:

  • Aprendizaje de los estudiantes.
  • Condiciones de las escuelas.
  • Equidad.
  • Calidad de los servicios.
  • Diferencias regionales.
  • Factores asociados al rendimiento.
  • Funcionamiento del sistema educativo.

Durante este periodo también se fortaleció la incorporación de tecnologías educativas mediante programas como Enciclomedia, que buscó enriquecer las aulas con recursos digitales y materiales interactivos.

En el ámbito constitucional, la educación preescolar fue incorporada progresivamente a la educación obligatoria a partir de la reforma de 2002.

Este avance reconoció la importancia de la primera infancia y de la formación temprana en el desarrollo integral.

El logro fundamental fue colocar el aprendizaje y la evaluación en el centro de la conversación educativa.

El reto consistió en lograr que la tecnología se integrara a una pedagogía sólida y que la evaluación se utilizara para apoyar la enseñanza, no solamente para producir cifras comparativas.

VIII. PISA: México ante la evaluación internacional

México participa en el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA, desde el año 2000.

PISA es coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, y evalúa principalmente a estudiantes de aproximadamente 15 años en:

  • Matemáticas.
  • Lectura.
  • Ciencias.

Su propósito es conocer cómo utilizan los estudiantes sus conocimientos y habilidades para resolver problemas, interpretar información y enfrentar situaciones de la vida real.

A diferencia de una evaluación exclusivamente curricular, PISA busca observar competencias aplicadas.

Por ello, sus resultados permiten analizar:

  • Comprensión lectora.
  • Pensamiento matemático.
  • Razonamiento científico.
  • Resolución de problemas.
  • Aplicación del conocimiento.
  • Diferencias entre estudiantes.
  • Relación entre contexto social y desempeño.

La participación de México en PISA representó un avance institucional importante porque permitió comparar el sistema educativo nacional con otros sistemas del mundo.

Desde entonces, México pudo observar:

  • La evolución de sus resultados.
  • El porcentaje de estudiantes que alcanza niveles básicos.
  • La proporción de estudiantes de alto desempeño.
  • Las diferencias entre grupos sociales.
  • La relación entre condiciones económicas y aprendizaje.
  • Los desafíos de lectura, matemáticas y ciencias.

La evaluación internacional ayudó a ampliar la mirada sobre la educación mexicana.

El país comenzó a reconocerse no solamente como un sistema que debía ampliar la matrícula, sino como un sistema que necesitaba garantizar aprendizajes relevantes para la vida contemporánea.

IX. 2006–2012: ENLACE, competencias y Reforma Integral de la Educación Básica

En 2006 comenzó la aplicación de la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares, ENLACE.

ENLACE fue una prueba estandarizada de alcance nacional que permitió observar el desempeño de los estudiantes en áreas como:

  • Español.
  • Matemáticas.
  • Ciencias, en determinadas aplicaciones.

Su propósito fue ofrecer información sobre los conocimientos y habilidades establecidos en los planes y programas de estudio.

La Secretaría de Educación Pública describió ENLACE como una herramienta objetiva y estandarizada para proporcionar un diagnóstico individualizado de los estudiantes y conocer los resultados del trabajo escolar.

ENLACE representó un avance porque:

  • Amplió la información sobre los aprendizajes.
  • Permitió comparar resultados entre escuelas y entidades.
  • Identificó áreas de oportunidad.
  • Hizo visible la importancia de la comprensión lectora y las matemáticas.
  • Fortaleció el debate sobre la calidad educativa.
  • Generó información para docentes, directivos y autoridades.

Durante este mismo periodo se desarrolló la Reforma Integral de la Educación Básica, RIEB, que buscó articular los niveles de preescolar, primaria y secundaria.

La RIEB promovió:

  • Enfoque por competencias.
  • Articulación curricular.
  • Aprendizajes esperados.
  • Continuidad entre niveles.
  • Formación integral.
  • Uso de tecnologías.
  • Evaluación del aprendizaje.
  • Desarrollo de habilidades para la vida.

En 2012 se incorporó la educación media superior a la educación obligatoria.

Este hecho amplió nuevamente el alcance del artículo tercero y reconoció que el bachillerato era fundamental para la continuidad educativa, la participación social y la preparación para el trabajo.

El gran logro de esta etapa fue la articulación de tres procesos:

Artículo tercero ampliado → modelo educativo por competencias → evaluación nacional e internacional de aprendizajes.

El reto fue garantizar que la obligatoriedad constitucional se tradujera en permanencia, conclusión de estudios y aprendizajes significativos.

X. 2013–2018: reforma educativa, evaluación y profesionalización docente

La reforma constitucional de 2013 colocó la calidad educativa y la evaluación en un lugar central.

Entre sus principales componentes se encontraron:

  • Fortalecimiento del INEE.
  • Creación del Sistema Nacional de Evaluación Educativa.
  • Servicio Profesional Docente.
  • Procesos de ingreso, promoción y permanencia.
  • Evaluación del desempeño.
  • Reconocimiento de la importancia de la idoneidad de docentes y directivos.
  • Relación entre calidad, organización escolar, infraestructura y aprendizaje.

El Modelo Educativo de 2017 profundizó el enfoque de aprendizajes clave y propuso fortalecer:

  • Aprendizajes fundamentales.
  • Desarrollo socioemocional.
  • Autonomía curricular.
  • Formación docente.
  • Inclusión.
  • Pensamiento crítico.
  • Formación integral.
  • Ambientes de aprendizaje.

Durante esta etapa, las evaluaciones nacionales e internacionales ofrecieron información relevante sobre el desempeño de los estudiantes.

PISA, ENLACE y posteriormente PLANEA contribuyeron a mostrar la necesidad de fortalecer especialmente:

  • Lectura.
  • Matemáticas.
  • Ciencias.
  • Resolución de problemas.
  • Pensamiento crítico.
  • Desarrollo de estudiantes de alto desempeño.

La evaluación docente también generó una nueva dimensión del debate educativo.

Se reconoció que la calidad de la educación depende, entre otros factores, de la formación, actualización, acompañamiento y desempeño profesional de los maestros.

El logro fue colocar la profesionalización docente y la evaluación del sistema en el centro de la política educativa.

El reto consistió en construir una evaluación que combinara rigor técnico, acompañamiento pedagógico, reconocimiento profesional y atención a las distintas condiciones en que trabajan los docentes.

XI. 2019–2022: reforma constitucional y Nueva Escuela Mexicana

La reforma constitucional publicada el 15 de mayo de 2019 modificó nuevamente el artículo tercero y otros artículos relacionados con la educación.

La reforma colocó en el centro:

  • La dignidad de las personas.
  • Los derechos humanos.
  • La igualdad sustantiva.
  • La equidad.
  • La excelencia.
  • La inclusión.
  • La interculturalidad.
  • La formación integral.
  • El interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
  • La participación de las comunidades.
  • La revalorización del magisterio.

La Nueva Escuela Mexicana surgió como un nuevo marco de orientación educativa.

Su propósito es construir una educación con sentido humanista, científico, comunitario, democrático, inclusivo e intercultural.

La Secretaría de Educación Pública describe la educación básica actual como pública, gratuita, laica, inclusiva, intercultural y sustentada en los derechos humanos, con el desarrollo humano integral como uno de sus propósitos fundamentales.

La Nueva Escuela Mexicana propone que la escuela no sea un espacio aislado de la realidad, sino una institución vinculada con:

  • La comunidad.
  • La familia.
  • La cultura.
  • El territorio.
  • La historia.
  • La naturaleza.
  • Los problemas sociales.
  • La vida cotidiana.

En este marco, el aprendizaje se concibe como una construcción social y contextualizada.

El Plan de Estudio 2022 organiza los saberes en cuatro campos formativos:

  1. Lenguajes.
  2. Saberes y pensamiento científico.
  3. Ética, naturaleza y sociedades.
  4. De lo humano y lo comunitario.

También incorpora ejes articuladores como:

  • Inclusión.
  • Pensamiento crítico.
  • Interculturalidad crítica.
  • Igualdad de género.
  • Vida saludable.
  • Apropiación de las culturas a través de la lectura y la escritura.
  • Artes y experiencias estéticas.

Este modelo representa una evolución importante: el conocimiento ya no se presenta solamente como una colección de asignaturas separadas, sino como una construcción relacionada con problemas, proyectos, experiencias y necesidades de la comunidad.

XII. La evaluación formativa en la Nueva Escuela Mexicana

En la Nueva Escuela Mexicana, la evaluación adquiere un sentido principalmente formativo.

Esto significa que debe acompañar el proceso de aprendizaje y ayudar a responder preguntas como:

  • ¿Qué sabe el estudiante?
  • ¿Qué necesita aprender?
  • ¿Qué dificultades enfrenta?
  • ¿Qué estrategias le ayudan?
  • ¿Cómo puede mejorar?
  • ¿Qué apoyos requiere?
  • ¿Cómo puede relacionar el conocimiento con su realidad?

La evaluación formativa se vincula con:

  • La planeación docente.
  • La observación cotidiana.
  • La retroalimentación.
  • Los proyectos.
  • La participación.
  • La resolución de problemas.
  • La reflexión.
  • La colaboración.
  • La construcción de saberes.

La SEP señala que, en el Plan de Estudio 2022, la evaluación de los aprendizajes forma parte de la relación pedagógica entre docentes y estudiantes, y se relaciona con el aula, la escuela y la comunidad.

Esto no significa abandonar las evaluaciones estandarizadas. Significa comprender que deben complementarse con otras formas de conocer el aprendizaje.

Una evaluación integral puede incluir:

  • Observación.
  • Portafolios.
  • Proyectos.
  • Exposiciones.
  • Producciones escritas.
  • Resolución de problemas.
  • Prácticas experimentales.
  • Autoevaluación.
  • Coevaluación.
  • Pruebas diagnósticas.
  • Evaluaciones nacionales e internacionales.

El reto consiste en construir un equilibrio entre la medición objetiva de determinados aprendizajes y la comprensión amplia del desarrollo humano.

XIII. 2020–2022: pandemia, educación a distancia y recuperación de aprendizajes

La pandemia de COVID-19 transformó profundamente la experiencia educativa.

Las escuelas desarrollaron diversas estrategias para mantener el vínculo con los estudiantes:

  • Educación a distancia.
  • Televisión educativa.
  • Plataformas digitales.
  • Cuadernos de trabajo.
  • Comunicación telefónica.
  • Participación de las familias.
  • Actividades impresas.
  • Acompañamiento docente.

La emergencia impulsó una acelerada incorporación de tecnologías y mostró la importancia de la flexibilidad pedagógica.

También permitió reconocer el valor de:

  • La escuela como espacio de convivencia.
  • El docente como acompañante.
  • La familia como corresponsable.
  • La comunidad como entorno de aprendizaje.
  • La tecnología como herramienta educativa.
  • La evaluación diagnóstica como apoyo para la recuperación.

La evaluación posterior a la pandemia se convirtió en un instrumento necesario para conocer:

  • Qué aprendizajes se conservaron.
  • Qué conocimientos requerían fortalecimiento.
  • Qué estudiantes necesitaban mayor apoyo.
  • Qué habilidades socioemocionales debían atenderse.
  • Qué diferencias surgieron entre regiones y grupos sociales.

La recuperación educativa no consiste únicamente en regresar a las aulas. Implica reconstruir trayectorias, fortalecer aprendizajes fundamentales y atender integralmente a los estudiantes.

XIV. 2022–2026: continuidad y consolidación de la Nueva Escuela Mexicana

Entre 2022 y 2026, la Nueva Escuela Mexicana continuó como marco central de la educación básica.

El enfoque curricular se orientó hacia:

  • Formación integral.
  • Trabajo por proyectos.
  • Aprendizaje situado.
  • Participación comunitaria.
  • Pensamiento crítico.
  • Interculturalidad.
  • Inclusión.
  • Vida saludable.
  • Lectura y escritura.
  • Saberes científicos.
  • Desarrollo humano.

En el ámbito de la evaluación, el reto consiste en articular tres dimensiones:

  1. La evaluación formativa en el aula.
  2. La evaluación nacional del aprendizaje.
  3. La evaluación internacional de competencias.

La SEP mantiene información estadística del ciclo escolar 2025–2026 y el Programa Sectorial de Educación 2025–2030 establece prioridades relacionadas con el derecho a la educación y la atención al rezago educativo.

Planeación SEP+1

En 2025 se aplicó PISA en formato digital en México, con participación de estudiantes de educación media superior. La aplicación formó parte del seguimiento internacional de los aprendizajes y de las capacidades de los jóvenes.

Planeación SEP

En septiembre de 2026, la SEP informó que la OCDE reconoció la resiliencia del sistema educativo mexicano, la ampliación del acceso de jóvenes de 15 años y la estabilidad relativa de algunos resultados, particularmente en lectura y ciencias.

También se destacaron la curiosidad, la perseverancia y la capacidad de los estudiantes mexicanos para abordar problemas complejos.

Estos elementos muestran que la evaluación puede ofrecer una lectura más completa de la educación: no solamente identifica resultados académicos, sino también actitudes, condiciones de aprendizaje, oportunidades de acceso y capacidades que pueden fortalecerse.

XV. Principales logros educativos de 1970 a 2026

La evolución educativa mexicana presenta avances históricos de gran importancia.

1. Reducción del analfabetismo

En 1970, aproximadamente 26 de cada 100 personas de 15 años o más eran analfabetas.

Para 2020, la proporción se redujo aproximadamente a 5 de cada 100.

Este avance representa uno de los logros más significativos de la política educativa nacional.

2. Aumento de la escolaridad

Entre 2000 y 2020, la escolaridad promedio de la población de 15 años y más pasó aproximadamente de 7.5 a 9.7 años.

Esto significa que la población mexicana alcanzó, en promedio, trayectorias educativas más prolongadas.

3. Ampliación de la educación obligatoria

La obligatoriedad avanzó progresivamente:

Primaria → secundaria → preescolar → media superior.

Esta ampliación expresa una mayor responsabilidad del Estado y un reconocimiento más amplio del derecho educativo.

4. Crecimiento de la educación superior

Durante estas décadas aumentó la matrícula de universidades, institutos tecnológicos y otras instituciones de educación superior.

La expansión de la educación superior favoreció:

  • La formación profesional.
  • La investigación.
  • La innovación.
  • El desarrollo científico y tecnológico.
  • La movilidad social.
  • La preparación para nuevas actividades productivas.

5. Fortalecimiento de la educación técnica

La educación tecnológica y técnica adquirió mayor importancia como vía de formación para el trabajo, el desarrollo industrial y la incorporación de conocimientos científicos.

6. Profesionalización de la evaluación

México pasó de utilizar principalmente indicadores de cobertura a construir sistemas de evaluación más amplios mediante:

  • INEE.
  • PISA.
  • ENLACE.
  • PLANEA.
  • Indicadores de SEP.
  • Estadísticas de INEGI.
  • Estudios de organismos nacionales e internacionales.

7. Renovación curricular

Los modelos educativos incorporaron progresivamente:

  • Aprendizajes activos.
  • Competencias.
  • Aprendizajes esperados.
  • Aprendizajes clave.
  • Desarrollo socioemocional.
  • Pensamiento crítico.
  • Proyectos.
  • Comunidad.
  • Formación integral.

8. Mayor reconocimiento de la diversidad

La política educativa avanzó hacia una visión que reconoce la diversidad:

  • Cultural.
  • Lingüística.
  • Regional.
  • Social.
  • Étnica.
  • Funcional.
  • Comunitaria.

9. Incorporación de tecnologías

Desde los recursos audiovisuales y la televisión educativa hasta las plataformas digitales, los dispositivos y la inteligencia artificial, la tecnología se convirtió en un componente cada vez más importante de la educación.

XVI. Retos de la educación mexicana hacia 2026 y los años siguientes

El reconocimiento de los avances no elimina la existencia de retos.

Por el contrario, permite identificar con mayor claridad las tareas que deben continuar.

1. Pasar de la cobertura al aprendizaje

El reto principal consiste en garantizar que todos los estudiantes dominen:

  • Lectura.
  • Escritura.
  • Matemáticas.
  • Ciencias.
  • Pensamiento crítico.
  • Resolución de problemas.
  • Habilidades digitales.
  • Habilidades socioemocionales.

2. Reducir las desigualdades

La calidad educativa no debe depender del lugar de nacimiento, la condición económica, la región, la ruralidad, la lengua, la discapacidad o la conectividad.

3. Consolidar la Nueva Escuela Mexicana

La NEM requiere traducirse en prácticas cotidianas que fortalezcan:

  • La enseñanza.
  • El aprendizaje.
  • La evaluación.
  • La participación comunitaria.
  • La formación docente.
  • El trabajo por proyectos.

4. Revalorizar al docente

El maestro necesita:

  • Formación inicial sólida.
  • Actualización permanente.
  • Acompañamiento pedagógico.
  • Tiempo para planear.
  • Condiciones laborales dignas.
  • Infraestructura adecuada.
  • Autonomía profesional.
  • Participación en las decisiones educativas.

5. Fortalecer la evaluación

La evaluación debe seguir una ruta formativa:

Detectar → comprender → intervenir → acompañar → mejorar.

La información obtenida mediante pruebas nacionales e internacionales debe utilizarse para fortalecer las escuelas y apoyar a los estudiantes.

6. Recuperar y profundizar los aprendizajes

Después de la pandemia, es necesario identificar las necesidades particulares de cada estudiante y ofrecer estrategias diferenciadas de recuperación.

7. Atender la brecha digital

El reto actual no consiste solamente en proporcionar dispositivos.

También es necesario enseñar a:

  • Buscar información.
  • Verificar fuentes.
  • Utilizar internet responsablemente.
  • Comprender los riesgos digitales.
  • Emplear inteligencia artificial de manera ética.
  • Resolver problemas mediante herramientas tecnológicas.
  • Aprender de forma autónoma.

8. Mantener continuidad educativa

El desarrollo educativo requiere políticas de largo plazo.

La continuidad permite que los modelos, materiales, programas de formación y mecanismos de evaluación alcancen madurez y produzcan resultados sostenibles.

Epílogo

La historia educativa de México entre 1970 y 2026 puede leerse como una sucesión de ampliaciones y transformaciones del derecho a la educación.

Durante la primera etapa, el país concentró sus esfuerzos en extender la cobertura y llevar la escuela a un mayor número de comunidades.

Posteriormente, la modernización educativa fortaleció la organización del sistema, la actualización curricular y la participación de las entidades federativas.

En los primeros años del siglo XXI, la calidad, la evaluación, las competencias y la tecnología adquirieron un papel central.

Más adelante, la reforma de 2013 vinculó la calidad con la evaluación y la profesionalización docente.

Desde 2019, la Nueva Escuela Mexicana ha impulsado una visión humanista, inclusiva, intercultural, comunitaria y orientada a la formación integral.

El artículo tercero constitucional ha acompañado este proceso como una columna vertebral jurídica.

Sus reformas han ampliado la obligatoriedad, reconocido nuevas dimensiones del derecho educativo y establecido principios relacionados con la equidad, la excelencia, la inclusión, la dignidad humana y el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Las evaluaciones nacionales e internacionales han permitido observar la evolución del sistema desde distintas perspectivas.

Los indicadores de cobertura muestran el crecimiento histórico de la escolaridad. ENLACE y PLANEA han contribuido a conocer los aprendizajes dentro del país.

PISA ha situado a México en el contexto internacional y ha permitido estudiar la lectura, las matemáticas, las ciencias, la resolución de problemas y las condiciones sociales asociadas al aprendizaje.

La educación mexicana ha logrado avances profundos: disminuyó el analfabetismo, aumentó la escolaridad, se amplió la educación obligatoria, creció la educación superior, se fortaleció la formación técnica y se desarrolló una cultura más amplia de evaluación.

El desafío hacia 2026 no consiste únicamente en crear nuevos modelos o aplicar nuevas pruebas.

Consiste en consolidar los avances, fortalecer la continuidad institucional, garantizar aprendizajes fundamentales, reducir las desigualdades y lograr que la evaluación sea una herramienta de acompañamiento y transformación.

La educación del futuro deberá conservar lo mejor de cada etapa: la expansión de los años setenta, la modernización de los noventa, la evaluación del siglo XXI, la profesionalización docente y la visión humanista y comunitaria de la Nueva Escuela Mexicana.

La verdadera transformación educativa ocurrirá cuando el artículo tercero constitucional, los modelos pedagógicos y las evaluaciones converjan en una misma finalidad: que cada niña, niño, adolescente y joven tenga la oportunidad real de aprender, desarrollarse plenamente y participar en la construcción de una sociedad más justa, científica, democrática y humana.

“Existen tres formas de analfabetismo que la educación debe ayudar a superar: no saber leer ni escribir, no comprender una segunda lengua y no saber utilizar las tecnologías de la información y la comunicación.

Pero el mundo cambia, y con él surgen nuevos desafíos.

¿Habrá un cuarto analfabetismo?

Quizá sea el más profundo de todos: no saber pensar, no saber cuestionar y no saber darle sentido humano al conocimiento.

Porque educar no es solamente enseñar a leer el mundo, sino aprender a transformarlo con inteligencia, conciencia y corazón.

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