
Sofía X. Gamiño Sánchez.
Estudiante de psicología.
Universidad Iberoamericana León.
184777-7@iberoleon.edu.mx
México.

“No hay nada permanente excepto el cambio”. Heráclito.
El cambio en la vida es constante, puede ser algo aparentemente simple y sencillo como cambiarse de ropa o probar un nuevo sabor de helado, también puede ser complejo como cambiarse de casa o perder a un amigo importante. Irse a vivir a otro país es un cambio grande, implica dejar atrás familia, amigos, estilos, tradiciones y costumbres de vida. Realizar un cambio así puede ser difícil para un adulto, para un niño aún más.

La primera vez que me fui a vivir a otro país tenía dos años, en ese momento me convertí en un Third culture kid, este término suena muy interesante, en pocas palabras se utiliza para referirse a los niños que migran por cualquier razón. Estos niños suelen poder hablar más de un idioma, tienen mayor capacidad de adaptación, sin embargo, se enfrentan a crecer en un mundo a la mitad, ya que una mitad la viven en la casa con la cultura de sus padres incluso hablan el idioma de sus padres, pero a la vez deben convivir con el país y cultura de donde se encuentran, es común que en la escuela deberán hablar un diferente y tendrán costumbres y tradiciones diferentes a las de su familia de origen (Pollock, et. al., 2010). Precisamente algo así me pasó, tuve que empezar el kinder en francés.
Ser un Third culture kid suena a que debe ser una de las mejores experiencias que alguien podría vivir, para muchos adultos incluso podría ser un sueño, pero vivir en este punto medio, aunque se propicia el desarrollo de habilidades como el saber vivir en dos o más mundos también se pueden tener efectos en el apego y sentido de identidad o pertenencia del niño, que al estar en etapas importantes del desarrollo tendrán un impacto en la versión adulta de estos niños, y de esto me parece tener la experiencia suficiente para contar mi versión sobre ser un Third culture kid.
Cuando tenía dos años me fui a vivir a París, Francia, ya que mis papás habían obtenido una beca de lo que era el CONACYT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) para realizar su doctorado. Pasé de vivir en casa de mi abuelita en Guanajuato a tener que empezar el kínder, hablar un nuevo idioma y acostumbrarme a las costumbres del lugar. Por la edad fue muy fácil adaptarme, en un mes ya sabía hablar francés, tenía amigos y me gustaba la escuela, por otra parte, en mi casa con mis papás hablaba en español.
En algunas vacaciones mi mamá y yo regresábamos a México, pasábamos navidades y Año Nuevo con la familia, regresando le contaba a mis compañeros todo sobre México, pero también me daba cuenta de las diferencias de cada país. A los 3 o 4 años para mi México era un lugar sin reglas, donde podías hacer casi todo lo que querías y eran fiestas y diversión, mientras que en Francia había que seguir reglas, ser responsable y tener una rutina. Con el paso del tiempo adopté pedacitos de ambas culturas.
Cuando regresé a México, a mi casa y ciudad, pero ya no encajaba. En principio yo solo quería ir de vacaciones, pero no quedarme a vivir, pues sentía que toda mi vida estaba en Francia. Así que a los 6 años en primero de primaria empecé la escuela en Guanajuato, pero hablaba en francés porque era mucho más fácil para mí, no me gustaba tener que llevar un uniforme pues jamás lo había hecho, en la comida todo me picaba, en los cumpleaños sólo había refresco o agua de sabor y como en Francia esto no se acostumbra tenía que llevar mi agua siempre o morir de sed. Por otra parte, yo era la persona popular del salón, que había estado en Europa, viajado por medio mundo y que hablaba francés.
Al volver a México y darme cuenta de todo esto sabía que mi experiencia era única, suponía que seguramente en otras partes del mundo existían otros niños y niñas que estuvieran pasando por lo mismo, pero realmente no conocía a nadie, no sabía si había alguna forma de describirlo. Por muchos años lo dejé así, sin darle tanta importancia, hasta que un día encontré en TikTok el término Third culture kid, recuerdo que era un video de una joven contando su historia que era muy similar a la mía, así que investigué un poco más y encontré que los Third culture kids, son todos aquellos niños que en sus primeros 18 años de vida se han criado con una cultura diferente a la de sus padres o a la de su nacionalidad (Pollock, et. al., 2010). Esto suele presentarse de muchas maneras por ejemplo en niños que han estudiado o vivido en el extranjero, que han emigrado con sus padres, hijos de familias con raza mixta, niños que han sido adoptados por una familia extranjera e incluso aquellos que viven en fronteras (Third Culture Kid, 2019).
Este término viene de la idea de que los niños cuentan con un primer pasaporte que es el de sus padres o el lugar de origen, el segundo pasaporte o país anfitrión, es el nuevo lugar de residencia, en la mayoría de los casos es distinto al primer pasaporte. Por último y como resultado de estos dos elementos, surge el término Third, este implica la internalización de las experiencias del país anfitrión, así como del país de origen. Esto se refleja en la construcción de la identidad, una en la cual se es parte de dos culturas, pero a la vez no se pertenece a ninguna de estas (Hoffmann, S. B. 2024).
Resulta interesante como aparentemente la suma de culturas da como resultado no pertenecer a ninguna, lo lógico sería que fuera, al contrario. Esto de ninguna cultura, en mi experiencia no es que sean personas sin cultura, más bien son personas con una nueva forma de vivir, una mezcla que pocos conocen. Para mí esto significa encontrar un equilibrio, puedo preparar tacos y guacamole cuando visito a mis amigos en París y cuando estoy en México puedo celebrar los días festivos de allá o incluso mezclarlos, por ejemplo, en día de reyes mi familia compra una rosca y la partimos juntos, pero a mí siempre me ha gustado más la Galette de Rois así que aprendí a prepararla y al igual que la rosca la partimos en familia. Al final de esta forma puedo obtener lo mejor de dos mundos.

Vivir en dos o más países tiene beneficios, por ejemplo, se vuelven como camaleones ya que desarrollan técnicas adaptativas que permiten mezclarse y pasar desapercibidos según su entorno, se crean habilidades para navegar entre culturas, se aprenden nuevos idiomas. Pero como casi todo tiene un lado no tan lindo, cambiar de país o ciudad trae consigo pérdidas, de amigos, familia, mascotas, objetos, la persona pierde su rutina, su sentido de familiaridad; implica un duelo, que muy pocas veces es reconocido.
Por otra parte, si estos niños vuelven a su país de origen, es muy probable que se sientan como migrantes, como que ya no encajan ahí y son percibidos como extranjeros, a pesar de ser su país de origen, esto se conoce como choque cultural invertido, que puede resultar en que se sientan solos y se vuelvan más reservados (Hoffmann, S. B., 2024).
Así que ser un Third culture kid es toda una experiencia con sus claroscuros, llena de grandes aventuras, un intercambio de idiomas, ideas, culturas, sin olvidarse de las crisis de identidad, duelos, cambios, adaptación.
Se puede decir que es un privilegio, ser niño y ya conocer tanto del mundo. Para mí sin duda ha sido una parte fundamental de mi existencia, he aprendido mucho de cada país en el que he vivido. Ahora tengo 24 años, los primeros dos años de mi vida los pasé en México, cuatro años estuve en Francia, aunque viví dos meses en Inglaterra, regresé a México, después pasé casi tres meses en Francia, regresé a México, estuve un año en Estados Unidos y me gradué de High School, empecé la universidad en México y me fui de intercambio a Italia un semestre.
Actualmente vivo entre León y Guanajuato, soy foránea sin ser foránea, si me preguntas de donde soy diré que del mundo, si me pides una respuesta exacta soy de Guanajuato, con un toque de Châtenay-Malabry, algo de Shaker Heights y una pizca de Firenze, en el futuro no se dónde estaré, pero espero seguir viajando y tal vez hasta viviendo en otros países.
Al final el cambio es una constante, incluso si jamás sales de tu ciudad, pero ser o no ser ni de aquí, ni de allá es algo que solo algunos pueden comprender.
Referencias
Dir, R. S. A. (2024). La conducta de apego en personas de tercera cultura. http://190.221.29.250/handle/123456789/10679
Hoffmann, S. B. (2024). Romantic Relationships and adult Third Culture Kids – ProQuest. https://www.proquest.com/openview/d902ab447456e500795b3ba4368bae7d/1?pq-origsite=gscholar&cbl=18750&diss=y
Pollock, D. C., Van Reken, R. E., & Pollock, M. V. (2010). Third Culture Kids: The experience of growing up among worlds: The original, classic book on TCKs. Hachette UK. https://books.google.com.mx/books?hl=en&lr=&id=aiOTDAAAQBAJ&oi=fnd&pg=PT27&dq=third+culture+kids&ots=eVEG7IpKcR&sig=QPtYuvSIL87bcnE75mmNr7W8tE0&redir_esc=y#v=onepage&q=third%20culture%20kids&f=false
Third culture kid. (2019). Topdoctors. https://www.topdoctors.es/diccionario-medico/third-culture-kid/















