La fría realidad, la masculinidad ha muerto
20 de noviembre 2024
Por Arturo David Vásquez Urdiales
1. Sponsa y la metáfora del vínculo
En el eco de las palabras se halla la historia de las civilizaciones. La palabra esposa, tan cotidiana como cargada de significado, proviene del griego antiguo spendo, que significaba derramar una bebida como acto sagrado, un compromiso firmado ante los dioses.
Cuando se llegaba a un acuerdo comercial, civil, moral o ante la ciudad, se derramaban unas gotas de vino en el piso, sellando asi el contrato, en el altar de alguno de los Dioses, con el tiempo en Roma fue la libación al Dios, hacia el 20 AC., la Libación al Dios desconocido (Médico de Cuerpo y Almas) (Quo Vadis) En el correr de la historia esa Libación de derramar vino o sellar el pacto con los dioses a través del vino, se convirtió en una cultura Teológica completa y compleja y dominó finalmente al mundo.
En los términos tambien, llegó a ser “obligación”, “obligatorio”, “carga” y posterior “perdida”, “someter”: “sponso”: sponsales : sposo quién está obligado, quién debe cumplir.
A través de los siglos, esta raíz lingüística cruzó a Roma y dio lugar a sponsa, aquella mujer que asumía un compromiso matrimonial.
Sin embargo, en la Edad Media, la metáfora adquirió un matiz más oscuro: las esposas son los grilletes que aprisionan las muñecas, se asociaron con la falta de libertad.
El pueblo bueno y sabio uso metáfora como metro y guía, sposa como el objeto duro y metálico que aprisiona y va en las nobles muñecas, otro ejemplo de no poder usar las manos.
La imagen es poderosa. Así como el matrimonio se concebía como un vínculo indisoluble, las esposas físicas simbolizaban una prisión para el cuerpo.
¿Qué ha cambiado, entonces, en nuestras concepciones modernas sobre el matrimonio?
En la detención de hoy y ayer en todas las policías del mundo observamos las Sposa cuando los gendarmes aprisionan a los detenidos: ¿Qué le ponen en las muñecas? Generalmente el detenido contra el suelo y semi inconsciente de la previa golpiza del sometimiento.
¿Por qué las nuevas generaciones huyen del compromiso como quien teme el sonido metálico de los grilletes?.
2. El matrimonio y la sociedad moderna
El matrimonio, antaño un pilar de la civilización, hoy se tambalea. Los jóvenes no ven en él una aspiración, sino una carga. Las razones son múltiples: la búsqueda de independencia, el temor a las responsabilidades, o el miedo a una legislación que, en el marco de políticas públicas, ha inclinado la balanza hacia una sobreprotección de las mujeres: le corresponde al hombre: prisión preventiva oficiosa, descalificación moral, ética y jurídica, señalamiento penal y punibilidad de oficio, sentencia previa condenatoria antes de y al proceso penal, sentencias rigurosas sin valoración de pruebas, revisión de oficio sin absolución aún sin tasación de pruebas: son hoy la realidad jurídica en los tribunales y la tendencia jurídica in crescendo.
Esta política pública de punibilidad por el hecho de ser hombre, en nada ha disminuido las estadísticas de violencia y ejecución en contra de la mujer. El legislador olvida que bien puede ordenar a través de una injusta norma la ejecución sumaria del hombre por el hecho de serlo y los índices de criminalidad en nada han de bajar. De hecho, hoy la muerte civil masculina es una realidad y la física femenina también ¿Entonces?
Hablar de inseguridad y políticas públicas de prevención y combate al delito es un peligroso tabú, más no cambia los números de la triste estadística.
El homicidio (curiosamente hoy se diferencia el fenómeno en sexos) de masculinos es hasta cierto punto normal.
Los servidores públicos de los 3 poderes, deben entender que no es con la ejemplaridad de la norma penal en contra de un sexo como se compondrá el fenómeno criminal, sino el cambio real de políticas públicas nacionales.
Por ahí va la cosa y no viendo en la desaparición y culpamiento de oficio he invisibilidad, hacia un género.
Vivimos en un mundo donde el hombre enfrenta una punibilidad que no siempre depende de sus acciones, sino de su género. Un hombre puede ser señalado culpable no por lo que hizo, sino por lo que representa dentro de un sistema que ha normalizado su deshumanización. La condena automática, la transferencia patrimonial obligatoria y la prisión preventiva obligatoria son realidades que erosionan la confianza en las instituciones y fomentan la renuncia al matrimonio.
Esto no es una defensa de un sistema patriarcal injusto, sino una reflexión sobre los excesos que han llevado al otro extremo: la desaparición de la masculinidad tradicional y la feminización del hombre.
¿Qué ocurre cuando una sociedad fuerza a los géneros a roles antinaturales?.
El resultado es el desplome de matrimonios y el auge de amancebamientos, concubinatos y uniones sin compromiso: la procreación temprana y también el abandono temprano.
3. El futuro de la humanidad y la metáfora final
La metáfora de las esposas ha evolucionado. Ya no es un símbolo de grilletes físicos, sino una prisión emocional y financiera que muchos prefieren evitar.
El miedo al matrimonio no es solo el miedo al compromiso, sino al costo potencial: la pérdida de libertad, patrimonio o incluso dignidad.
El Día del Hombre es un vestigio irónico en una sociedad que celebra la feminización del hombre y la masculinización de la mujer, mientras niega su papel en la estructura social. Las escuelas ya no celebran el Día del Padre. ¿Por qué lo harían?
La paternidad misma se ha convertido en una figura nebulosa, casi inexistente, en un mundo de familias fracturadas.
En 10, 20 o 50 años, veremos una sociedad donde la maternidad precoz será la norma, los matrimonios serán efímeros y las generaciones futuras crecerán sin una concepción clara de roles y responsabilidades. La falta de equilibrio entre derechos y deberes amenaza con destruir el tejido social.
Reflexión final: la muerte de la masculinidad
Si, la masculinidad ha muerto, ¿qué queda por celebrar? La metáfora de las esposas ahora se ha trasladado al corazón y la mente. Vivimos en un tiempo donde el compromiso ha dejado de ser virtud para convertirse en riesgo.
En este nuevo paradigma, las palabras ya no nos vinculan como antes; son espejos rotos de una sociedad que teme mirar su propio reflejo.
Quizás, en lugar de preguntar si queremos tener una esposa, deberíamos cuestionar si queremos seguir existiendo en un mundo que, al despojar de libertad a unos, inevitablemente la niega a todos.
El efímero placer conlleva a la eterna responsabilidad.
Aunémoslo a las generaciones de cristal, sin responsabilidades actuales y menos futuras, extra sensibles y extra ignorantes, dignos clones de personajes sin valor creados para ser inútiles en presentes apocalípticos.
Después de las guerras que vienen, la humanidad puede morir, no porque los que sobrevivan sean un ejemplo del legado de tiempos sabios, sino porque no saben usar un desarmador y peor, comprender el manual de como se abre una lata de sardinas: las generaciones de cristal son el mejor ejemplo del luto inexistente a la masculinidad que no puede descansar en paz.
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