Por Arturo Vásquez Urdiales
18 de noviembre de 2024
*La cultura japonesa, con su misteriosa belleza y tradición milenaria, nos ha legado al mundo una figura encantadora y magnética: el *maneki-neko*, el gatito que mueve su manita en un gesto de bienvenida y fortuna. Este símbolo universal de buena suerte y prosperidad es un emblema que trasciende fronteras, adornando tiendas, restaurantes y hogares, donde su presencia parece invocar abundancia. Pero, ¿cuál es el origen de este peculiar amuleto?
El templo, la tormenta y el destino: la leyenda de Tama
Para entender al maneki-neko, debemos viajar en el tiempo, al siglo XVII, durante el período Edo en Japón. En un rincón del país, en el templo Gotokuji, vivía un monje anciano sumido en la pobreza. Su única compañía era una gata tricolor llamada Tama, con la que compartía su escasa comida y el refugio de las austeras paredes del templo.
Una tarde, una tormenta azotó la región. El poderoso señor feudal Ii Naokata, sorprendido por el mal tiempo, buscó refugio bajo un árbol cercano al templo.
Mientras esperaba que la tormenta amainara, su mirada se posó en una extraña escena: a la entrada del templo, la gata Tama alzaba una de sus patitas en un gesto que parecía llamarlo. ¡Ven, ven! Parecía decirle la gata. Intrigado, Ii Naokata dejó la seguridad del árbol y se acercó a la gata, justo cuando un rayo desgarró el cielo y cayó sobre el árbol que minutos antes le servía de refugio.
*La gratitud que inundó el corazón del señor feudal fue tal, que decidió recompensar al templo. Donó tierras de cultivo y campos de arroz, permitiendo que Gotokuji prosperara. La figura de Tama se inmortalizó como un símbolo de protección y buena fortuna, y la tradición del *maneki-neko* comenzó a cobrar vida.
El lenguaje de la patita: ¿por qué mueve su manita?
El gesto del maneki-neko, esa patita alzada que se mueve de arriba hacia abajo, tiene un significado profundo en la cultura japonesa. En Japón, este movimiento imita el gesto que hacen las personas para llamar a alguien, como una invitación a acercarse. No es, como muchos podrían interpretar, un adiós; es un saludo que atrae, que invoca, que pide la llegada de aquello que se desea: clientes, buena suerte, dinero o simplemente prosperidad.
Cada maneki-neko tiene un propósito según su color. El clásico tricolor es el más común, representando la suerte general. El blanco simboliza pureza y felicidad; el negro, protección contra los malos espíritus; el dorado, riqueza; y el rojo, salud. Incluso el objeto que sostienen en sus patas, como monedas, lingotes o pergaminos, añade una capa adicional de significado.
De Gotokuji al mundo: un amuleto que trasciende fronteras
Aunque su origen es japonés, el maneki-neko pronto se extendió a China y a otros países de Asia. En Occidente, lo vemos en negocios de diversa índole, desde restaurantes hasta tiendas de antigüedades, donde su manita sigue moviéndose, ajena al ruido del tráfico o a las conversaciones apresuradas.
El templo *Gotokuji, en el distrito de Setagaya, Tokio, aún conserva su legado. Miles de pequeñas figuras de *maneki-neko* adornan sus terrenos, dejadas por visitantes agradecidos que piden deseos o agradecen los favores concedidos. En su silencio, el templo parece respirar la esencia de Tama, aquella gata que, con su gesto, cambió el destino de un hombre y de un lugar.
Reflexiones finales
¿Qué lección podemos extraer de esta pequeña figura de cerámica? Quizás sea una invitación a la gratitud, a reconocer en los actos más pequeños el poder de transformar vidas. La historia de Tama y el señor feudal Ii Naokata nos recuerda que incluso en las circunstancias más adversas, la buena fortuna puede aparecer de la manera más inesperada, y que el agradecimiento es el puente que conecta nuestras vidas con lo divino.
El maneki-neko sigue saludándonos desde las vitrinas y estanterías del mundo, como un recordatorio de que el gesto más sencillo puede traer consigo la mayor de las suertes. Tal vez, al mirarlo, deberíamos devolverle el saludo, no solo por respeto a la tradición, sino como un acto de fe en que la fortuna está siempre dispuesta a encontrarnos.
Urdiales Zuazubizkar fundación de letras hipnóticas ac ©® quien le invita a compartir esta columna.
















